domingo, 1 de junio de 2008

Viajero/geógrafo

Más que nada: apuntes fugaces.
Dibujo: Antonie de Saint-Exupéry

Viajero/geógrafo

a. Preguntas sobre el carácter solitario de nuestro trabajo: ¿cuántas veces se nos escapan de las manos los aciertos y los errores de un día de clases?, ¿cuántas veces sentimos la necesidad de compartir la mirada instantánea con un par?, ¿cómo fue que el registro de la clase se convirtió en patrimonio del estudiante de magisterio y casi nunca del maestro? Contradicción mediante: rodeado de personas, podemos sentir la ausencia de compañía. Así estamos de asimétricos. No hay necesidad de enroscarse sólo filosóficamente alrededor del tema, sino políticamente. Pensemos: qué lugar ocupamos los maestros en la escuela, qué lugar ocupamos como docentes en la sociedad y por qué la necesidad de estar separados. Separados, aislados en más de un sentido.

b. Es irrebatible el hecho de que las políticas educativas con sus reformas y recontra reformas le deben un capítulo al trabajo colectivo y cooperativo entre docentes. No hay que dar muchas vueltas si consideramos que la Ley Federal y su prima hermana Ley Nacional de Educación son niñas predilectas del vientre privatista de los noventa, que –sabemos a la fuerza– ha preconizado la ganancia individual, por sobre el derecho social. ¡Si nos habrán contabilizado! Una y otra vez formamos parte del mismo algoritmo, el que llega siempre al mismo resultado: "sobran, hay que recortar".

c. El joven explorador dejará atrás la casa -una patria de fantasía, como todas las patrias- y emprenderá un peregrinaje cósmico. Recordará melancólico su hogar durante el viaje. Recordará los volcanes en miniatura, los peligrosos baobabs. Recordará la única rosa que crece en B612. Cuando llegue al sexto planeta, dialogará con el único ser que lo habita: un geógrafo. El viajero pensará ingenuamente que el geógrafo conoce los ríos y montañas sobre los que toma registro. Detrás de un escritorio y un libro, el anciano le explicará que su actividad es demasiado importante y no puede arriesgarse visitando otros lugares. También le dejará muy en claro que esa es tarea de los exploradores. El anciano tiene la facha de un hombre letrado y la verba de un intelectual, y es capaz, el único capaz, de hacer geografía. El jovencito blondo seguirá su viaje y sus consejos. Lo espera la tierra.

d. Si al volver sobre la huella, podemos reconocer el mapa que dejamos dibujado en nuestras aulas, quizá en el tiempo, logremos hacer de eso una cartografía. Todos los años recorremos territorios diferentes, en compañía de personas distintas, todos los años. Al cambiar de un grado al otro, de una materia a otras, el terreno se despliega modificado. En ese plano, nuestra tarea parece responder mejor a la lógica del viajero. El que anda, el que atraviesa el llano de un punto hacia otro. Metáfora al margen, la necesidad de avanzar, el movimiento hacia adelante es lo que nos moviliza frecuentemente. Sin tiempo de observar y compartir, es decir, de multiplicarnos. No hay en este tipo de viaje tiempo para hacerse cartógrafo. El cartógrafo está detrás de su escritorio y nosotros a punto de saltar a otro asteroide.