viernes, 13 de noviembre de 2009

Un día feliz


Compañeros: esta es una crónica de cómo hoy (lunes 9-XI-2009) el macrismo tuvo que recular con el proyecto que ya todos conocen. Este proyecto que profundiza la fragmentación social y querían imponer por la fuerza en nuestra escuela fue para atrás con el reclamo y la lucha colectiva. Entre los padres, los pibes y los maestros le ganamos la pulseada.


Un día feliz

Las 12 y la única noticia era que la Directora del Área estaba demorada. En la Escuela nº 4 del distrito 7º estamos esperando esta reunión que tenía fecha previa, el viernes 6 de noviembre. En este encuentro cara a cara con la funcionaria macrista replicaríamos nuestra oposición al proyecto de cambio de modalidad y fragmentación ("¿Por qué una nueva escuela?") que quieren aplicar en nuestra escuela y en otras más. Al final llegó, menos impuntual de lo que esperábamos. Liliana Caracciolo más una acompañante que no se presentaría jamás pasaron a la biblioteca de la escuela y detrás los maestros. En la calle unos cincuenta padres esperaban a que se los hiciera pasar; son tan parte del conflicto, tan parte de la escuela como nosotros. La Directora del Área se negó ante nuestro pedido de tener la reunión con toda la comunidad escolar: “Ustedes están muy mal informados”, nos dijo, “la reunión con los padres es el 13 de noviembre”. Le insistimos, le explicamos que los padres están muy preocupados y que se convocaron para escuchar en directo, no en diferido lo que nos tienen para decir. No hay caso. Los padres fuera de la escuela, los maestros en la biblioteca y la Dirección del Área ensayando una larga sordera. La reunión empieza con una conducta ostensiblemente agresiva hacia los docentes (mi registro es un poco desorganizado, mental sobre todo) que iría aumentando con el correr de los minutos. La Directora del Área señalaría una y otra vez que una de las causas por las que la matrícula de la escuela pública ha bajado es la pobreza de la propuesta pedagógica de sus docentes. Ninguno de nosotros aceptó este discurso y se lo hicemos saber. La Directora del Área seguía empecinada en demostrar o en imponer un realidad que ninguno de nosotros compartía. Afuera se empezaba a escuchar a los padres que no se habían movido: golpes de tambor casero, voces altas en cuello se filtraban y de a poquito empezaban a ocupar el espacio y a hacer cada vez más tensa la situación. Cuestionamos que el proyecto haya nacido sin consulta previa a la comunidad: “En abril empezamos a pensarlo; es producto de tres cabezas”, dice la señora Caracciolo, que aun sostenía que esto iba sí o sí. Nos pronunciamos totalmente en contra de que se hable de los chicos en términos de “excedente”: “El Consejo Nacional de Educación usa ese término, ¿vos sabés lo que es el Consejo Nacional de Educación?”, le dijo a quién redacta, con una autoridad sólida como el merengue. Enfrascamientos como éste se presencian en contadas oportunidades. Caracciolo seguía hablando de los niños de Lugano, Bajo Flores y Soldati como “excedente”. “Excedente, es lo que sobra, ¿cómo pueden sobrar niños para la escuela pública?”, le decimos. La respuesta chorrea cinismo: “Es matrícula que sobra”, sentencia. La biblioteca se empezaba a poblar con la solidaridad de algún que otro maestro que se acercó hasta la escuela. El clima se cortaba con un cuter. Cuando le señalamos que es indignante que el Gobierno considere como "ganado" a los chicos, pretendiendo darles un desayuno arriba del micro, el revés nos deja a todos una muestra cabal de la persona que teníamos adelante: “Van a ser turistas de primera clase”, dijo Caracciolo, sonrisa socarrona de por medio, sarcasmo, burla, mala leche. Los maestros la aplaudimos como toda respuesta. La cosa siguió con amenazas por parte de Caracciolo con el cierre de los grados. Los padres a esta altura golpeaban las paredes vidriadas de la biblioteca y ocupaban todo el hall interno de la escuela. La Directora del Área señaló que esto no es propio del ámbito escolar. “Esta situación violenta la genera su gobierno, háganse cargo”, le contestamos. La puerta se abrió y entró una madre: “No nos van a dejar afuera”. Todos los padres se hicieron presentes en la biblioteca y rodearon a la Directora del Área. Una mujer grandota se le sentó al ladito y le habló de cerca: “¿Por qué nos quieren dejar sin escuela? Nosotros elegimos la jornada simple”. Uno por uno, los padres le fueron dando sus argumentos: profundos, genuinos, sencillos, valiosos. Caracciolo empezó a hacer malabares dialécticos para sostener su discurso. Las camaritas de los celulares se comenzaron a encender y casi todo fue registrado. Los malabares no alcanzaban y la postura aparentemente irrompible se empezó a doblar. Le pedimos que repita lo que nos dijo a nosotros: que el proyecto sigue en pie, que los niños harán turismo atravesando la ciudad. Tensión y pasos truncos de baile para encontrar una salida. Los maestros le pedimos que se comprometa públicamente a que este proyecto que atenta contra la educación pública no será aplicado en ninguna escuela de la Capital. Se aplaude, se canta: “¡Padres y maestros la lucha es una sola, y al que no le guste se embroma, se embroma!”. Los padres, los padres siguieron negándose a aceptar algo que nadie pidió y que pone en riesgo a la escuela. A esta altura los problemas derivaron en las políticas generales del macrismo. Le dijimos que estábamos cansados de la agresión constante y una madre maternal (es así) nos preguntó: “¿Los agredieron?”, y contestamos “Nos trataron de vagos”. Ah, esa madre: “¿Cómo le van a decir vagos a estos maestros? Ellos educan tan bien a nuestros hijos, son tan prolijos”. Ternura, cosas de la garganta y no sé que más. La reunión llevaba para una hora y pico cuando Caracciolo dijo que “Si los padres y los maestros no quieren el proyecto, no se hace”. Respiramos: por una vez tuvieron que ir para atrás. Pedimos que eso conste en un acta. El supervisor del distrito, que observaba silenciosamente, redactó toda la nota donde se dejó constancia de que en la Escuela nº 4 no habrá proyecto nuevo. Abajo las firmas de la funcionaria, de todos los maestros y de todos los padres. La mamá grandota que se había sentado al lado de la funcionaria entrelazó las manos y le mostró: “Acá, los maestros y los padres estamos así, unidos, juntos”. Poco, más o menos, es lo que sucedió esta tarde. Los pibes esperándonos en el patio para empezar el día. Eran ya las tres y un cielo gris plomizo nos cubría la cabeza. Un lindo día, creo, un día feliz.


Hernán Boeykens (Maestro de la Escuela nº 4 D.E. 7)

Rechazamos el proyecto: “¿Por qué una escuela nueva?”

En la Escuela nº 4 DE 7 quisieron implementar un proyecto que con la fachada del cambio de modalidad (de JS a JC) encumbría un trasfondo de fragmentación y destrucción de las condiciones de la educación pública en particular y en general. Haciendo click aquí se puede leer el proyecto "¿Por qué una nueva escuela?" http://www.scribd.com/doc/22509631/Escuela-del-bicentenario
El proyecto no tiene nombre ni membrete ni firma. Está bajado, cayó de arriba, viene de improviso como quién tira un piano por la ventana. Pero a pesar de la improvisación y la pésima estructura argumental, no le falta un milímetro de coherencia con las políticas privatistas y pro-fragmentación del sistema público educativo. Cuando hablamos de fragmentación, nos referimos a la segmentación por clase social, que se traduce en escuelas para pobres y escuelas para ricos.
El proyecto “¿Por qué una nueva escuela?”, que quiere implementarse en las escuelas nº 4 y nº 2 del D.E. 7º , nº 21 del D.E. 15º y nº 23 del D.E. 9º, hace un análisis de la situación poblacional y demográfica -con una escasez de datos alarmante- de la Zona II (DD. EE. 13, 19 y 21, Soldati, Bajo Flores y Lugano); sugiere que la matricula que no tiene posibilidades de acceder a su escolaridad es un “excedente” y critica la reubicación de los alumnos a distritos lejanos a sus hogares. Dice textualmente: “entonces, qué pasa con la escolaridad de estos niños???? En todo caso no importa demasiado, la urgencia es ponerlos en algún lado y rellenar aulas vacías”. De allí que se pueda suponer que la “nueva escuela” será un nuevo edificio para que los niños no tengan que trasladarse muy lejos de sus hogares. No, la solución es lo mismo que cuestionan.
Cinismo mediante -ya se dieron el lujo de señalar que las aulas de nuestra escuela están vacías-, afirman que se hicieron indagaciones respecto de las circunstancias en las que estos alumnos trasladados se integrarían en las “escuelas de destino”. Falso: nunca pisaron, al menos, la Escuela nº 4. Afirman también que estas escuelas no tienen posibilidad de aumentar la matrícula. Sin embargo, en la Escuela nº 4, esto se contradice con el incremento de alumnos que recibió en los últimos años. Por otro lado, hay que subrayar la dificultosa tarea de retener matrícula en la escuela pública cuando desde el gobierno se prioriza la educación privada, haciendo de estos colegios una opción accesible para un sector determinado de la población, subvencionándolos por cifras escandalosas y haciendo partícipe al estado de la mantención de negocios y proyectos particulares. Para poner dos ejemplos: frente a la Escuela nº 4 D.E. 7 (Rivadavia 6065) se encuentra el Instituto Argentino Excelsior que recibe el 100% de subvención, en total son más de $1.100.000 por año; a pocas cuadras, el Colegio Marianista con un 50% de subvención, recibe $670.000 por año. Tómese en cuenta que la Escuela nº 4 recibe entre Cooperadora e ingresos varios unos $50.000 anuales.
La solución para la falta de escuelas es la construcción urgente de edificios públicos adecuados, cosa que se podría resolver si se destinaran para ese fin los $700.000.000 que recibe la educación privada por año. El gobierno claramente no tiene intenciones de dar una solución definitiva al problema de la falta de vacantes y superpoblación de aulas. De hecho está cajoneado el expediente del petitorio por construcción de escuelas en el D.E. 19 (531960/2008 DGAR) presentado en noviembre de 2008.
El gobierno ocasiona así más dificultades a las familias que viven en los barrios del sur, trasladando a los niños, alejando la escuela de la casa, provocando un desarraigo que no se revierte con “el traslado de las familias para los actos escolares” como propone garantizar el proyecto con dos micros semanales que transporten a los padres que quieran acercarse a la escuela.
Es evidente que este proyecto apunta a profundizar el esquema de escuelas privadas para un sector medio y alto de la sociedad, y escuelas públicas abarrotadas de chicos pobres. Estamos convencidos de que a través de este cambio violento de modalidad se esconde la intención de crear una escuela más que imposibilite la integración. Si, como dice la letra, “el desayuno y la merienda (se darán) en el trayecto desde y hasta los hogares”, entendemos que aquí se excluye a los niños de los alrededores que no viajan en micro para llegar a la escuela. Pero si esto no es aun contundente, baste con agregar que en la reunión entre la Dirección del Área y las conducciones de las escuelas involucradas se informó explícitamente que los alumnos del barrio de la escuela no podrán inscribirse para el año que viene. Esta situación es totalmente anti-reglamentaria. Se quiere profundizar la fragmentación social, expulsando compulsivamente a los alumnos que viven cerca para que no se “mezclen” con los niños del sur. Además, se habla de “garantizar la reubicación de toda la población escolar que no acepte esta nueva organización en escuelas cercanas de la jurisdicción”. Teniendo en cuenta que no hay alrededor de la escuela otros establecimientos públicos de jornada simple, nos preguntamos a qué otras escuelas podrán ir estos niños que no sean los colegios privados.
El proyecto da por descontada la violencia que esto generará en las familias, en la institución, en los niños. Lo apunta en el apartado “Desde lo pedagógico curricular” cuando dice que se elaboren “proyectos curriculares que involucren los contenidos curriculares y los que respondan al quiebre en la organización institucional y que apunten a la modificación del dispositivo naturalizado de escolaridad primaria simple”. Nos causa mucha indignación que se pretenda utilizar el tiempo de enseñanza para justificar un cambio que nunca pedimos, un cambio que perjudica al sistema público educativo y a las comunidades de este distrito, como así también a las comunidades de los distritos de la zona sur, sin solucionar ningún problema de fondo.


Defendemos una escuela que no excluya a nadie, una escuela pública en condiciones para todos los niños