sábado, 6 de diciembre de 2008

Discurso de despedida para 7º grado

Ilustración: Alexiev

Tengo una sensación, una certeza: lo de este año fue actuar. Poner en acto, hacer, activar, actualizar. Un año de poca reflexión, siempre apresurada, pero necesaria; leer menos, escribir todo; decir más, escuchar algo. Y estuvo bien. No siempre contemplaremos la llanura mientras el sol prende los pastizales.

Ahora, dejó la última huella de este camino abierto: despedida para mis alumnos de séptimo grado.

Cada vez que un maestro tiene la suerte de despedir a un séptimo grado puede percibir aquel trabajo de siete años que la escuela hizo con él. En una sola persona están a la vista horas y horas de escritura, lectura, cálculo, razonamiento, discusión, frustraciones y alegrías.
Cuando pienso en esos siete años, se me viene a la mente la imagen de un viaje. La comparación entre la primaria y una aventura a través del océano me resulta inevitable. Pensemos: tripulantes en un barco surcando mares, enfrentando tempestades, disfrutando del sol o de los buenos vientos, atracando en distintos muelles, y en cada uno de ellos aprendiendo cosas nuevas. La larga travesía termina en una costa desconocida y es imposible emprender la vuelta porque se queman las naves.
Este año esa imagen mía del viaje la compartí con mis alumnos. Les advertí que el barco era aula y ellos los navegantes. Les propuse que escriban su propio viaje a través del Océano Escuela, que cuenten su historia y que compartan la incertidumbre sobre esa costa que van a pisar, es decir, la escuela media.
La verdad es que escribieron textos profundos como un mar verdadero. Y cada historia es bien diferente. Por ejemplo, hubo algunos relatos en los que se confesaron secretos e historias de amor de las cuales no diré una sola palabra porque así me lo pidieron los navegantes enamorados. También hubo relatos minuciosos o muy generales. Para Natalia por ejemplo la primaria fue: “el viaje más raro -dice-, pero que aprendió no sólo de aprender sino también de la vida”. Palabras tan ciertas como las de Enzo nos señalan que: “el gran botín -de la primaria- es la amistad”. Y para Yamila “estar con sus amigos era crecer”.
Camila nos cuenta que para llegar a la costa “solo leyó los mapas y estudió los océanos, y fue divirtiéndose y aprendiendo”. Escucharon bien: estudiar océanos, así de compleja e inmensa es la primaria.
Algunos tripulantes, como Rocio, dijeron que “se quedarían en este océano siempre”. Otros como Lucía esperan encontrar en la secundaria “una experiencia llena de amor y amistad entre seres queridos, seres pasados y amigos”. Quizás a Lourdes le tocó decir con mayor nitidez lo que siente al dejar la escuela un alumno de séptimo grado: (cito textual) “este barco se hará viejo con los años, pero para mí siempre estará presente porque lo que viví en este barco no lo viviré en otro”.
Todos han dejado plasmada en una hoja su vida de escuela, el viaje, el miedo a lo nuevo, la aventura. Me encantaría compartir cada texto como ellos lo compartieron conmigo, pero hay tierra a la vista y si las gaviotas nos vienen a recibir, quiere decir que esto se termina.
Así que, chicos, quiero que guarden estas palabras, que las retengan, que no las pierdan ni las dejen tiradas por ahí. Cuídenlas como el tesoro que se encuentra en una isla perdida.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Registro IV


27 de agosto

Estamos en la biblioteca recién comenzada la mañana. Los alumnos debían escoger de nuestra antología un poema para leer en voz alta. Antes de comenzar con la lectura hacemos algunos ejercicios para relajar las cuerdas vocales y mejorar nuestra postura. Es muy temprano y muchos de nosotros no hemos usado la voz en absoluto. Les explico cómo nuestro aparato fonador emite el sonido de la voz y cómo podemos ayudar a que ésta sea más clara. Después de los ejercicios les leo yo primero. Para abrir la ronda de lectura elegí el poema “Vegetaciones” del Canto general de Pablo Neruda. Luego, les pregunto quiénes quieren leer. No todos levantan la mano, pero se anima la mayoría.
Antes de que ellos le den continuidad a la ronda, subrayo que para lograr una buena lectura la responsabilidad corre por cuenta del que escucha y del que lee. El primero aporta su interés en lo que el otro leerá, también el silencio, y el que lee hace su parte con las palabras compartidas. Los poemas de la antología más elegidos son “Estado de animo”, “En la carpeta”, “Ama tu ritmo”, “Sombras de los días por venir” y “La carencia”. No tenemos inconveniente si repiten la lectura del poema de un compañero, la lectura siempre renueva lo que se dice a través de la forma que toma en la voz de quien lee.
Las primeras lecturas son de un singular atractivo para todos, el grado de atención es tal que no hace falta hacer ningún tipo de señalamiento o advertencia. Se escuchan, se reconocen, se interesan. Construyen un silencio artesanal donde entran cómodas las palabras. La lectura de “Estado de ánimo” que hace Walter con su voz de laguna es tan acertada que todos nos quedamos en silencio un tiempo largo. Le explico que ese silencio nuestro es un elogio porque demuestra nuestras ganas de seguir escuchando.
Lucía, alumna con una gran predisposición para el canto y la actuación, sumada a su desenfado natural, me propone cantar en vez de leer el poema de Darío “Ama tu ritmo”. Como la empresa me parece demasiado compleja para que se lleve a cabo en la improvisación total, le propongo que esta vez nos lo lea y que ensaye una interpretación musical para más adelante. Le explico que el poema es en sí muy difícil (los encabalgamientos y el uso de palabras desconocidas para ellos son la dificultad mayor), y que su sola lectura le va a llevar trabajo. Acepta, pero insiste que nos lo cantará la próxima. Nos parece bien, si lo practica previamente.
Todos los que leen reciben de parte del auditorio de compañeros un silencio inédito y bajo mi recomendación –por ser los primeros ensayos– sólo palabras elogiosas que destacan lo positivo de la lectura porque ya tendremos oportunidad de marcar errores.
El timbre, que resulta tan ajeno a todo lo que hemos logrado en cuarenta minutos, nos arrebata la paciencia, la escucha y la palabra serena como quien deja caer una pequeña vasija al suelo.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Registro III


Imagen: Palomar


21 de agosto

El libro que tengo en las manos es una antología de Oliverio Girondo. Hoy se trata de él porque los chicos en sus antologías leen el poema “Cansancio” de Persuasión de los días (1942). Pero antes les cuento (y me apoyo en la imagen que acompaña la muy breve reseña biográfica) que Oliverio fue un poeta de vanguardia, que una vanguardia es lo que va adelante, y en arte eso quiere decir lo que es novedoso. Les cuento que fue uno de los pocos poetas surrealistas que hemos tenido en Argentina y que su poesía es un notable experimento con las palabras.
-Las desarma- les digo -pero no sólo las palabras, también las ideas.
Estamos sentados en el piso. Primero leemos en silencio. Luego, formulo dos preguntas: ¿Sobre qué es este cansancio del poema? ¿Qué quisiera ser esa voz que habla en el poema?
Iván dice:
-Está cansado de su cuerpo- y es lo correcto.
Lucía agrega:
-De su vida- su comentario nos habilita a pensar que una poesía o un cuento es una forma de probar cómo sería vivir otra vida. Es una forma imaginaria, pero posible.
Como nos importa escucharnos, escuchar cómo suena nuestra voz leyendo, le propongo hacer un ejercicio.
-Vamos a leer el poema en un estado de agotamiento- a propósito, les pido pensar en qué hace uno cuando está cansado. Cómo usa la voz, el cuerpo, los gestos. Invito a que asuman ese cansancio. Casi todos vencen la vergüenza de exponerse ante los otros. Los chicos tienen una expresividad necesitada de espacio que se hace notar.
Cuando el clima es propicio, les indico que lean sintiendo ese cansancio. Allí es dónde a Anahí casi se le quiebra la voz, o Dante en el frente se apoya contra la pared agotado para leer. Más tarde, Fernando sostiene una estrofa entera haciendo una voz extrañísima que nunca le habíamos escuchado.
Les vuelvo a preguntar sobre el poema. Les pido que vuelvan a notar qué cambios desea esa voz (que llamamos yo lírico): se percatan de que le gustaría ser insecto, alienígena, otro mamífero, mujer. Charlamos sobre la sexualidad de Oliverio. Para los chicos, y en especial para los varones, decir en cualquier parte –incluso en un cuento o un poema-, que se desea cambiar el sexo supone que quién lo dice es necesariamente homosexual o travesti o ambos. Esto los pone nerviosos y no pueden evitar las bromas.
Sin embargo, este no es el tema que más interés les ha despertado. Desde que empezamos a leer fueron diciendo espontáneamente qué animal les gustaría ser. La consigna de escritura "sale sola". Escriben un poema que puede empezar por “Estoy cansado de…” y piensan en todo lo que no tienen por no ser el animal o el vegetal que desean ser.
Camila nos conmueve con “Cansada de caminar”:

estoy cansada de no tener
alas, de no tener plumas suaves,
de no poder volar, de no ver
el cielo desde lo alto.


Dante se arriesga con “Mi voz vegetal”:

Estoy cansado de pensar,
de moverme, de las clases
del poeta filósofo, de esforzarme,
de estar encerrado, de estar cansado,
de tener piel y muchos pelos
de escribir esto.
Quiero ser verde, estar bajo el sol
quiero ser libre, y que nadie me use para cosas que no necesite
quiero ser pinchudo y estar aislado
quiero ser un cactus

martes, 19 de agosto de 2008

Registro II

Ilustración: Alexiev Gandman


Miércoles 13 de agosto

Les entrego a los alumnos una antología en la que seleccioné poesía de distintos escritores. Les cuento que la preparé yo mismo, que los poemas no están allí de casualidad. Les pido que la exploren libremente, primero, y que traten de vincular el título (Para leer de todas formas) con el contenido y la forma de la antología, después, y que pregunten lo que quieran saber.
Algunos se detienen en un poema en particular, en el título; lo registran en la memoria.
-A mi me gusta “Ama tu ritmo”- dice Rocío, que sabe cómo suenan juntas esas tres estupendas palabras.
Otros se detienen en las fotos de los poetas, y las reseñas bibliográficas son consideradas por aquellos que allí encuentran algo de su propio mundo. Alejandro nos dice sorprendido:
-Está Pablo Neruda.- y yo le contestó que sí y él lo conoce bien (se ha llevado más de un libro de Neruda de nuestra pequeña biblioteca del aula y ha compartido el material en su casa, además su madre, me contó alguna vez, copió algunos poemas en un papel; Alejandro ya es un intuitivo promotor de la lectura).
Ángel que sabe una sola anécdota sobre Antonio Machado, no pierde oportunidad para mencionarla. En la antología, hay una foto del poeta sevillano con su sombrero y su cara de bueno.
En la contratapa escribí una suerte de instructivo que presenta diversas maneras de leer y situaciones de lectura (“en voz alta, cuando llueve, de pie…”) para acompañar el sentido del título. Rocío y Florencia espontáneamente la leen para todos. Todos escuchamos la lectura de ambas que encontró una nueva forma de ser: se van turnando, y donde Rocío hace una pausa Florencia sigue, así intercalan sus voces espontáneas. Finalmente, ríen divertidas.
Les propongo pasar a una actividad más dirigida:
-Empecemos por el principio.- el principio son los poemas “Botella al mar” de Benedetti y “El mensaje” de Lamborghini. Ambos textos se tocan, se emparentan, dialogan. Lee Alexandra en voz alta “Botella al mar” y luego todos en voz baja “El mensaje”. Percibimos el sentido de ambos textos. Le damos importancia a la palabra, al silencio y a la pausa, que es una muestra gratis de silencio. Como quiero enfatizar la importancia del silencio y las pausa que separan las palabras, leo tres versos casi sin detenerme y luego los mismo tres deteniéndome deliberadamente. Notamos las diferencias de sentido que se producen. Anahí opina:
-Leer despacio emociona, tiene que ver con los sentimientos.
Lourdes agrega que:
-Sin pausa, pasa así no más.- y yo pienso que así perdemos algo del sentido o que es más difícil atraparlo, y les digo lo que pienso, pero de mejor manera.
Les pido que para concluir imaginen un mar y una botella. La botella la arrojarán con sus mensajes a ese mar imaginario. Los mensajes son, deben ser, una palabra favorita. Esa palabra que nos gusta por como suena o por lo que refiere. Les cuento que yo tenía en mi infancia dos palabras favoritas: “cobre” y “serpiente”. Me parecía que cobre sonaba al metal que representa y serpiente, en realidad, ni siquiera sabía escribirla bien. Anotaba “sarpiente” en un papel hasta que alguien me lo corrigió.
Guardé los papelitos con sus palabras en el bolsillo del delantal y luego los saqué al azar y transcribí las palabras en el pizarrón sin comas ni conjunciones. Les pedí que agreguen cada uno donde le resulte mejor los signos de puntuación o los nexos. Les mencioné que esta actividad estaba emparentada con las técnicas de escritura que un grupo de artistas (los surrealistas) comenzaron a desarrollar durante los años ’20 para escribir en grupo.
Muchos alumnos ya habían notado que el uso de las conjunciones o de las comas en la enumeración cambia de manera brutal la fuerza de un poema. Los últimos dos versos de “Botella al mar” son un buen ejemplo de esto.
Alexandra escribe:

Amor, claro chirimbolito, gota y responsable, música y fosforito,
electro bombo, temor y familia, electrónica y amor inútil,
cuete y pigmento magia electro, vampirismo, uranio y jugar.

jueves, 14 de agosto de 2008

Registro I

Ilustración: Joan Fernández


Registro, diario, idea original de este espacio en el espacio donde volcamos nuestras palabras. Retomo esa idea y comparto mis notas más frescas. Sin saber hasta qué punto no se convertirán en otra cosa.


Martes 12 de agosto

Salimos al sol. Cada alumno tiene en sus manos un libro de poesía distinto que acaba de recibir sin ninguna consigna. Les pido que se sienten en el suelo. Algunos eligen la sombra, otros, los rayos de febo. Se acomodan en un rectángulo que señalo. Me miran o leen, me escuchan o leen. Les cuento que los llevé hasta allí para leer, leernos. Les indico que se sienten separados unos de otro en ese breve rectángulo. Ese problema geométrico nos lleva un buen rato.
Los libros que tienen en sus manos son algunos de los que usé para componer una antología de poemas (Para leer de todas formas) que recibirán durante la semana. Pero hoy, y seguramente otros días también, leerán los libros originales.
La actividad consiste en leerle a un compañero un mínimo de dos versos del poema que escojan. El orden lo dará el azar puesto que yo tengo sus nombres anotados y los iré sacando de mi bolsillo. Lo importante es que el destinatario escuche. Para esto todos participamos del ejercicio. Sin moverse de su lugar, los que leen ingeniándoselas para que el otro escuche y el resto colaborando con su silencio y su escucha también. Comienzo a sacar sus nombres de mi bolsillo y empiezan a leerse.
La selección que hacen tiene mucho que ver con el sentido del poema, con lo que ellos pueden asimilar en forma inmediata. Casi todo lo que leen es directo, sin ambigüedades. El humor, primero, y el amor después son los tópicos comunes. En la imaginación se arman noviazgos ridículos para ellos, entre ellos, porque la poesía (trate de Venus o del páncreas) tiene, en el común de los sentidos, un estrecho vínculo con las declaraciones amorosas.
Desde la ventana de un aula nos avisan que ya ha sonado el timbre. Pero nosotros seguimos bebiendo del sol y de las palabras.

lunes, 4 de agosto de 2008

Para leer de todas formas

Dibujo: Patricia Metola

Comparto con ustedes la selección de poemas que preparé para leer con mis alumnos de séptimo grado. No fue tarea fácil decidir qué sí y qué no; toda antología implica un recorte y una exclusión. Allí creo reunir lo que es para mí la poesía y, en especial, aquella que debe y/o puede llegar a las manos de un público infantil o juvenil. Bájenla clickeando aquí (si la página en la que está alojado el archivo no se los permite bajar haciendo click en el ícono download, mándeme un mensaje a solicitándolo)


Los poemas están agrupados –aunque no explícitamente– por diferentes tópicos muy amplios e imprecisos. Estas son algunas posibles formas de atraparlos:
a) los que dicen algo de la poesía en general o de sus materiales, también artes poéticas (Botella al mar, V, El mensaje, Poética, Ama tu ritmo);
b) civiles o sociales (La luna con gatillo, Fusilamiento);
c) que dicen algo del yo lírico (Cansancio, Inútil soy, Estado de ánimo, La carencia);
d) que dicen algo del (LI, Ama tu ritmo)
e) que hablan de las cosas (Vaca, Las moscas, Oda a la tristeza, En la carpeta)

Los poetas que integran la antología son canónicos casi sin excepción. Tienen pedestal propio Martí, Darío, Neruda, Machado, García Lorca, Guillén, Storni y Gelman. En los límites se paran Lamborhini (por raro), Benedetti (porque le gusta a las adolescentes), Tuñon (por olvidado), Vinicius (por cantar en otro idioma) y un poco menos Pizarnik (por trágica o amiga de Cortázar).
Las referencias que se indican al pie de cada texto mencionan el libro original y la fecha de su aparición. Este dato, que parece menor, permite ubicar en el tiempo la aparición de los poemas y refiere a ese conjunto del cual formó parte el texto seleccionado. Algunos de esos poemarios han sido faroles para la producción poética del siglo veinte y exponentes ejemplares de un movimiento estético, empezando por los modernistas: Versos sencillos de Martí, Prosas profanas de Darío, Ocre de Storni y Soledades de Machado. Otros libros como Canciones para el tercer frente y Cantos para soldados y sones para turistas, de Tuñon y Guillén respectivamente fueron de relieve para los activistas (poetas o no) de mitad de siglo en adelante y después. La vanguardia (más justo sería decir el surrealismo) del veinte y del treinta no serían las mismas sin Veinte poemas para ser leídos en el tranvía de Girondo y, aunque de publicación tardía (1940), Poeta en Nueva York es otra obra necesaria e imprescindiblemente surrealista. Así Gotán de Gelman y Los trabajos y las noches de Pizarnik ocupan un lugar de privilegio y de prestigio para los ’60.
El hecho de incluir un reseña biográfica (mínima, muy mínima) de cada autor acompañada de su retrato, supone el ejercicio de pensar la literatura aferrada a la vida. En efecto, no la puedo desligar de una vida, de una historia. Cuánto más nos permite pensar sobre esa escritura la mera temporalidad, materialidad, existencia de una persona de carne y hueso. En fin, saber que hubo un bigotudo genial que murió en su caballo para liberar a Cuba de España.
Para leer de todas formas remite a todo lo que dejé expresado en la contratapa. La poesía que entra y que sale de la escuela cuando el lector se apropia de ella, poesía que se lee para ver cómo suena, para ver qué dice, para doler en un costado y compartir con otros, aunque esos otros tengan cuatro patas y hocico. Poesía para hacer poesía. Sí, además el título es optimista porque lo puedo pensarlo como: para leer a pesar de. (Perdón por explicar tanto). Optimista porque confía en que la lectura de tres versitos de nada (como los que deja caer la Pizarnik) enseñan, porque en un soneto (como los de Darío) hay algo irremplazable, universal, de la cultura humana, optimista porque aunque la poesía haya pasado a ser ahora más que nunca patrimonio del sótano, del olvido o de Palermo Soho la escuela le puede hacer un lugar.

jueves, 3 de julio de 2008

Un elefante en el aula



¿Acaso la podemos apagar? ¿No viene con nosotros a hacernos compañía? ¿Quién le dio fecha de vencimiento? Porque hoy también es el día de la memoria, un relato para compartir hoy, ayer, mañana.



Un elefante en el aula


Se empiezan a moderar los movimientos de sus cuerpos, roncan las sillas cuando las arrastran, sus voces se van achicando y buscan rincones a dónde no llega mi oído. Entramos al salón después del recreo. Yo estoy ansioso, apenas conozco a los alumnos de sexto grado. Me sale un “buenos días” apagado y lo repito con más entusiasmo, recién entonces escucho que me responden inclusive desde el fondo del aula.
-Voy a leerles un cuento. -digo y espero para captar alguna reacción de las que se concentran en la mirada o en la boca de los que escuchan- Lo elegí porque tiene relación con el tema del golpe que empezamos a ver en la semana.
En ese instante me doy cuenta -distracción fatal- de que me olvidé el ejemplar en la biblioteca y le pido a una de las alumnas que me haga el favor de ir a buscarlo. Empiezo a contar de qué se trata el cuento, a quién le pertenece y qué suerte tuvo durante la dictadura. Llega Laura (mi alumna) con "Un elefante ocupa mucho espacio" entre sus manos y como si fuese una vasija frágil me lo entrega.
-¿Éste, Profe?.
-Sí, gracias.- Le respondo y sigo con la clase: muestro la tapa, menciono el título, el nombre de la autora y la fecha en que fue editado el libro (1975). Por suerte tenemos la primera edición: tapas duras, hojas gruesas, peso, edad y colores fuertes.
-Sólo les voy a leer este cuento, el primero, el que lleva el nombre de todo el libro.- les muestro en un aleteo la cantidad de páginas -No vamos a prestarle mucha atención a la forma en que está escrito, porque tal vez nos suene que es para chicos más chicos, pero sí vamos a pensar por qué a los militares se les habrá ocurrido prohibir el libro.- me dispongo a leer.
Trato de poner tonos distintos, de hacer pausas precisas, de acelerar cuando lo considero inevitable. Tengo la sensación de que me falta expresividad. Intento no distraerme con eso; voy despacio, llego al final, y debo decir “fin”, después de un instante mayor a lo que sería habitual, para romper el silencio de cristal.
Las voces se desperezan solas y al rato forman cascadas. Es difícil que todos nos escuchemos así, entonces pido que levanten las manos para hablar:
-Seguro que los militares pensaban que se estaba hablando de ellos y lo prohibieron.- Dice Mauro y le hago referencia a la fecha de edición que es anterior al golpe para que sigamos pensando porqué podrían interpretar eso.
-Al menos la autora no se refería a estos militares cuando lo escribió, aunque ellos quizá hayan pensado que sí- le respondo.
Se destaca la voz de Carolina entre el borbollón de voces que se empieza a formar:
-No estaban de acuerdo con lo que pasaba en el cuento, por eso lo sacaron- dice.
-¿Y qué pasaba en el cuento para que les molestara tanto?- después de la pregunta se empiezan a levantar las manos y las palabras que salen solas y acompañadas. La clase sigue entre lo imprescindible y lo justo, la reflexión y el compromiso: “que los animales no eran libres”, “que estaba bien que hicieran huelga”, “que los humanos los trataban mal y por eso se rebelaron”. Todos hablan. Una alumna dice por ahí que “nos querían sacar la esperanza”, lo anoto en el pizarrón y se ruboriza.
Antes de cerrar la clase, les propongo escuchar lo que dijo Elsa Bornemann sobre la prohibición del cuento:

"La prohibición afectó particularmente mi relación con la existencia. En especial, debido a la gran cantidad de personas que decían apreciarme, quererme y que se borraron por completo a causa del decreto militar. Por extensión arbitraria del mismo tuve vedado el acceso a todo establecimiento de educación pública (de cualquier lugar de la Argentina y de cualquier nivel) hasta que terminó la dictadura." (Un golpe a los libros [1976-1983]. Bs. As., 2001)

La indignación de los alumnos no se hizo esperar; había quejas por todos los rincones, caras de impotencia:
-Pero entonces..., la prohibieron a ella...- dice Javier y le pido que ¡por favor! lo repita. Se comprendió la gravedad del asunto: prohibir un libro, prohibir a un ser humano.
La hora se nos está por ir, los chicos me piden que lea otro, les digo que ya no queda tiempo (la literatura tiene su fuerza de atracción, pero el timbre es un imán fuerte), que es preferible hacerlo en otro momento. Suena el recreo en el patio y los tres alumnos geográficamente más cercanos se me acercan y me piden el libro (Omar ya lo había estado hojeando mientras yo daba la clase), les digo que es el único ejemplar que tengo, pero que pueden ir a la biblioteca a buscar otros.
Tres alumnos salen corriendo a buscar un elefante…

domingo, 1 de junio de 2008

Viajero/geógrafo

Más que nada: apuntes fugaces.
Dibujo: Antonie de Saint-Exupéry

Viajero/geógrafo

a. Preguntas sobre el carácter solitario de nuestro trabajo: ¿cuántas veces se nos escapan de las manos los aciertos y los errores de un día de clases?, ¿cuántas veces sentimos la necesidad de compartir la mirada instantánea con un par?, ¿cómo fue que el registro de la clase se convirtió en patrimonio del estudiante de magisterio y casi nunca del maestro? Contradicción mediante: rodeado de personas, podemos sentir la ausencia de compañía. Así estamos de asimétricos. No hay necesidad de enroscarse sólo filosóficamente alrededor del tema, sino políticamente. Pensemos: qué lugar ocupamos los maestros en la escuela, qué lugar ocupamos como docentes en la sociedad y por qué la necesidad de estar separados. Separados, aislados en más de un sentido.

b. Es irrebatible el hecho de que las políticas educativas con sus reformas y recontra reformas le deben un capítulo al trabajo colectivo y cooperativo entre docentes. No hay que dar muchas vueltas si consideramos que la Ley Federal y su prima hermana Ley Nacional de Educación son niñas predilectas del vientre privatista de los noventa, que –sabemos a la fuerza– ha preconizado la ganancia individual, por sobre el derecho social. ¡Si nos habrán contabilizado! Una y otra vez formamos parte del mismo algoritmo, el que llega siempre al mismo resultado: "sobran, hay que recortar".

c. El joven explorador dejará atrás la casa -una patria de fantasía, como todas las patrias- y emprenderá un peregrinaje cósmico. Recordará melancólico su hogar durante el viaje. Recordará los volcanes en miniatura, los peligrosos baobabs. Recordará la única rosa que crece en B612. Cuando llegue al sexto planeta, dialogará con el único ser que lo habita: un geógrafo. El viajero pensará ingenuamente que el geógrafo conoce los ríos y montañas sobre los que toma registro. Detrás de un escritorio y un libro, el anciano le explicará que su actividad es demasiado importante y no puede arriesgarse visitando otros lugares. También le dejará muy en claro que esa es tarea de los exploradores. El anciano tiene la facha de un hombre letrado y la verba de un intelectual, y es capaz, el único capaz, de hacer geografía. El jovencito blondo seguirá su viaje y sus consejos. Lo espera la tierra.

d. Si al volver sobre la huella, podemos reconocer el mapa que dejamos dibujado en nuestras aulas, quizá en el tiempo, logremos hacer de eso una cartografía. Todos los años recorremos territorios diferentes, en compañía de personas distintas, todos los años. Al cambiar de un grado al otro, de una materia a otras, el terreno se despliega modificado. En ese plano, nuestra tarea parece responder mejor a la lógica del viajero. El que anda, el que atraviesa el llano de un punto hacia otro. Metáfora al margen, la necesidad de avanzar, el movimiento hacia adelante es lo que nos moviliza frecuentemente. Sin tiempo de observar y compartir, es decir, de multiplicarnos. No hay en este tipo de viaje tiempo para hacerse cartógrafo. El cartógrafo está detrás de su escritorio y nosotros a punto de saltar a otro asteroide.

martes, 27 de mayo de 2008

Realidad cotidiana

Fotografía: Elliot Erwitt

De caracter más emotivo. Para compartir y discutir abiertamente, con tiempo, sobre el tiempo nuestro que nos los quitan en nimiedades. Para compartir porque no veo muchas otras alternativas al estado en el que trabajamos diariamente.
Si se les ocurre pensar que hay en el fondo un sentido terapeutico de este conjunto de palabras, terapéutico para mí claremente, están también en lo cierto. Saludos.



Realidad cotidiana

Me faltan unos minutos todos los días para salir por ventana de tanta agua estancada, volver a otro estado si es que lo tuve: ser en cualquier caso cucaracha o colibrí, me sobran razones para buscar el hueco de los ratones e irme con ellos, me quedan pocos motivos para no asumir una actitud bien kafkiana y mandarme al carajo. Pero sin embargo, ahí, en las grietitas de todo el mapa, en esa subterránea marea de experiencia diaria y en los tatuajes temporales de la escuela compruebo el sentido fuerte de nuestra labor. En palabritas o en la conversación de dos niños que se explican el resultado de una suma o en los poemas de unos alumnos que volaron por un rato en una escuela de Chacarita. En una sola palabra, y a veces ni eso, en un gesto de sonrisa parecido a la gratitud o en veinte pares de ojos y orejas latiendo en una vidala de Atahualpa, en un silencio de caja.
¡Cómo deseo que fracase la realidad cotidiana! Y cuanto ansío ver que en la escuela no son más importantes los casilleros de no sé que planilla que un cuento de Horacio Quiroga y qué la pequeña burocracia no puede detentar mayor admiración que compartir entre docentes y alumnos estos versos de Gelman “tomé mi amor que/asombraba a los astros/y le dije: señor amor,/usted crece de tarde, noche y día,/de costado, hacia abajo, entre las cejas”. Pero sin embargo, está la política de los cuervos ciegos que firman a oscuras la concesión: 180 días de realidad cotidiana: anteojera, meta y meta, marchando derechitos hasta las profundidades de diciembre. Política de estado y agenda educativa tienen en la hoja número 1 de sus mandamientos: no perder el tiempo, es decir, no parar, no detenerse. No pararse a pensar ni un minuto, lo que implica reproducir cualquier tipo de estupideces o formalidades que nos atan al presente: cómo saber qué hicimos en el aula ayer y qué haremos mañana, si tenemos tanta realidad cotidiana de que preocuparnos. Ni siquiera nos dejaron los dos míseros días anuales para reflexionar institucionalmente. Reflexionar, correr la mirada de un solo punto, rever el pasado y anticipar el futuro. Sin reflexión, cualquier porvenir es inevitable y no hay memoria.
¿Cómo derrotamos a la realidad cotidiana, me pregunto? No hay un método, quiero decir, no hay uno solo. La lucha salarial contra las termitas de la inflación es inevitable, recuperar las calles es inevitable, la huelga es inevitable. Pero compatible. Y complementaria con este debate que necesitamos abrir para llenar las escuelas de sentido o recuperar el sentido de la escuela o fortalecerlo. Todas las escuelas no son iguales, pero la sensación de abatimiento, la falta de compromiso intelectual, la despolitización de nuestra tarea pedagógica es sintomática. Y claro que una cosa está ligada a la otra, pero no lo hace más simple presentarlo en el binomio causa-efecto, en todo caso lo hace más abstracto, más fantástico.
La escuela necesita recomponer o reinventar una textura. Los últimos veinte años de políticas educativas bancomundialeras y de política sindical celeste nos deshilacharon, nos aislaron, casi nos convencieron de que estamos solos en esto y de que es mejor transar primero y ver si después no son tan malos mamá y papá. Pero en una marcha de abril compruebo lo contrario y en los colores de un mural pintado por maestros y estudiantes, en una jornada de militancia en la grietita del mapa compruebo lo contrario.
Sigamos pensando cómo derrotar a la burocracia en todo el plano, para que de una buena vez por toda la realidad cotidiana se vaya por una grieta como el agua estancada por una alcantarilla.

domingo, 25 de mayo de 2008

Cero. Un lugar vaciado.


Volver a enseñar en el segundo ciclo y a enfrentarse con esa currícula extraña, pensar en la literatura como objeto en sí mismo, en la ausencia de contenidos y de propuestas en el cuerpo del Diseño. Esa es la fuente de estas palabras que comparto con ustedes para abrir un debate. Este es el texto cero de una serie indeterminada de ideas que pretendo compartir acerca de qué leer en la literatura para chicos de 6º y 7º. Como texto cero, no se ocupa de lo que más me interesa, no ataca la unidad del problema (qué leer en novelas y cuentos para alumnos del 2º ciclo) lo antecede, lo rodea y denuncia la triste existencia un huequito.

Cero. Un lugar vaciado.

Algo más que preguntas para recuperar la literatura como objeto de aprendizaje en el Segundo Ciclo de la escuela primaria


¿Qué sucede después de leer el Tomo II del Diseño Curricular de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, de recorrer las 150 páginas que le dedica a la enseñanza de las Prácticas del Lenguaje en el segundo ciclo? El encuentro con la novedad, la síntesis de un nuevo corpus de pautas pedagógicas, por un lado, y por otro, la impresión de haber perdido algo. Ausente de todo registro especializado, la literatura, y entonces, su especificidad, su riqueza, no forman parte sustancial de la enseñanza. A cambio de esa pérdida, nos consuelan la actividad (quehacer) del sujeto (el lector, el escritor, el orador) como sujeto de la lengua en uso. El gesto pedagógico y el tácito prestigio de este documento suscitan orgullos y empatías de muchos maestros que encuentran allí el reflejo de una concepción constructivista de la enseñanza. Constructivista, seguramente, sagrada no. El debate sobre la currícula, la didáctica de la lengua y, en definitiva, los hombres y mujeres que queremos formar para la sociedad que aspiramos construir parece haber llegado a su finalización en el marco de la oficialidad. Nosotros llamamos a la discusión y esperamos que de ella participen los docentes, los excluidos de la agenda, los que tienen todos los días un curso, mil preguntas, cien problemas. Cuántos errores han cometido los bien pensantes técnicos especialistas en estos asuntos de escuela, que hacen carrera con la enseñanza de todos y cuelgan sus medallas y diplomas en la pared de su despacho. Un debate entre trabajadores e intelectuales: docentes, especialistas, funcionarios, nos falta. No merecemos el entretenimiento de la consulta liviana, sino sentarse a debatir cara a cara, públicamente.
Mientras los planetas se alinean y conjuran a nuestro favor, nosotros seguimos aquí pensando. Decíamos que en la currícula se ha dejado de lado la especificidad del texto literario. Ocurre que se es lector, escritor y ‘hablador’ de textos ¿o acaso, usamos la lengua sólo para regocijarnos con el mero hecho del ‘hacer’? Esa actividad es con uno y/o con otros, sí, pero también es con y por un texto.

Insistimos en hacer referencia al Diseño Curricular, dado que allí debería figurar al menos un eje –somos austeros, lo sabemos– dedicado enteramente a explicitar qué se debe y se puede leer en las novelas, cuentos y poemas, qué se puede aprender y qué es posible enseñar de estos productos del hombre y su cultura. Es al menos, sospechoso que la enseñanza de la Lengua en el primer ciclo sea prácticamente idéntica a la enseñanza en el segundo ciclo. Al parecer, no hay especificidad –y los remitimos al documento- ni en uno ni en otro ciclo, o bien la especificidad del segundo es copia fiel del primero, o al revés (esto sería aún más extraño) o no hay diferencia alguna, conclusión caótica que incluso a nosotros nos cuesta sostener. Para el caso, más allá de estas especulaciones lógicas, sobre todo, nos interesa hacer un lugar para que pensemos acerca de una falta explícita de contenidos en el área. Está claro, y eso es defendible, el niño que se enfrenta al sistema de la escritura como lector o cómo escritor, necesariamente, debe aprender una serie de acciones, pero son en relación con el objeto que esas acciones cobran sentido. Sobre ese objeto que es el texto, y en especial el texto literario, se dan escasas referencias. Burdamente diremos que el documento curricular le da prioridad a cómo leer, en segunda instancia a para qué leer y, en último puesto, por abandono, a qué leer. Nosotros preferimos pensar que en la escuela debe suscitarse la enseñanza de las Lengua en una tríada equilibrada de eso tres principios.

La información con la que contamos en las páginas casi anónimas del Diseño[i] nos dice que el lenguaje es, por un lado, el uso, la práctica: realizar acciones como operar, compartir, confrontar, y, por otro lado, la ortografía y la sintaxis: la búsqueda y conocimiento de reglas y la clasificación.[ii] El texto literario es mencionado como paisaje de esa práctica. El texto literario está circunstancialmente; lo importante es jerarquizar las prácticas del lector. ¿Habrá sido la intención de sus múltiples autores poner el acento en la práctica para resaltar una preocupación mayor por el sujeto? Es probable. Pensemos sobre este aspecto también: ¿el texto literario fue prácticamente excluido como contenido en sí del Diseño dada la necesidad de revalorar al sujeto que aprende o como una decisión poco cavilada y, mucho menos, debatida? Por lo pronto, nos animamos a repudiar cualquier excusa que se sustente sobre la base de un documento en construcción, ¿para eso no estaba el Pre-Diseño?
Con estas preguntas, tratamos de socializar, cristalizar, discutir y confirmar ciertas sospechas y de no quedarnos en el borde del abismo paralizados ante el vacío hipnótico. Queremos que fracase ese vacío: el espacio en blanco que la currícula le ha destinado al texto como objeto de la lectura, en especial, en los grados superiores del segundo ciclo de la escuela primaria.

[i] El mismo fue producido por una coordinadora, Delia Lerner, y ocho ¿qué? ¿escribas? ¿colaboradores? que nos han dejado el fruto de un trabajo, quizá, colectivo, pero indudablemente aislado de la escuela real y de sus protagonistas: los maestros y los chicos.
[ii] “Formar a todos los ciudadanos como sujetos de las prácticas sociales del lenguaje, su normativa y sus relaciones sintácticas…” (D.C. p. 639)