miércoles, 27 de agosto de 2008

Registro III


Imagen: Palomar


21 de agosto

El libro que tengo en las manos es una antología de Oliverio Girondo. Hoy se trata de él porque los chicos en sus antologías leen el poema “Cansancio” de Persuasión de los días (1942). Pero antes les cuento (y me apoyo en la imagen que acompaña la muy breve reseña biográfica) que Oliverio fue un poeta de vanguardia, que una vanguardia es lo que va adelante, y en arte eso quiere decir lo que es novedoso. Les cuento que fue uno de los pocos poetas surrealistas que hemos tenido en Argentina y que su poesía es un notable experimento con las palabras.
-Las desarma- les digo -pero no sólo las palabras, también las ideas.
Estamos sentados en el piso. Primero leemos en silencio. Luego, formulo dos preguntas: ¿Sobre qué es este cansancio del poema? ¿Qué quisiera ser esa voz que habla en el poema?
Iván dice:
-Está cansado de su cuerpo- y es lo correcto.
Lucía agrega:
-De su vida- su comentario nos habilita a pensar que una poesía o un cuento es una forma de probar cómo sería vivir otra vida. Es una forma imaginaria, pero posible.
Como nos importa escucharnos, escuchar cómo suena nuestra voz leyendo, le propongo hacer un ejercicio.
-Vamos a leer el poema en un estado de agotamiento- a propósito, les pido pensar en qué hace uno cuando está cansado. Cómo usa la voz, el cuerpo, los gestos. Invito a que asuman ese cansancio. Casi todos vencen la vergüenza de exponerse ante los otros. Los chicos tienen una expresividad necesitada de espacio que se hace notar.
Cuando el clima es propicio, les indico que lean sintiendo ese cansancio. Allí es dónde a Anahí casi se le quiebra la voz, o Dante en el frente se apoya contra la pared agotado para leer. Más tarde, Fernando sostiene una estrofa entera haciendo una voz extrañísima que nunca le habíamos escuchado.
Les vuelvo a preguntar sobre el poema. Les pido que vuelvan a notar qué cambios desea esa voz (que llamamos yo lírico): se percatan de que le gustaría ser insecto, alienígena, otro mamífero, mujer. Charlamos sobre la sexualidad de Oliverio. Para los chicos, y en especial para los varones, decir en cualquier parte –incluso en un cuento o un poema-, que se desea cambiar el sexo supone que quién lo dice es necesariamente homosexual o travesti o ambos. Esto los pone nerviosos y no pueden evitar las bromas.
Sin embargo, este no es el tema que más interés les ha despertado. Desde que empezamos a leer fueron diciendo espontáneamente qué animal les gustaría ser. La consigna de escritura "sale sola". Escriben un poema que puede empezar por “Estoy cansado de…” y piensan en todo lo que no tienen por no ser el animal o el vegetal que desean ser.
Camila nos conmueve con “Cansada de caminar”:

estoy cansada de no tener
alas, de no tener plumas suaves,
de no poder volar, de no ver
el cielo desde lo alto.


Dante se arriesga con “Mi voz vegetal”:

Estoy cansado de pensar,
de moverme, de las clases
del poeta filósofo, de esforzarme,
de estar encerrado, de estar cansado,
de tener piel y muchos pelos
de escribir esto.
Quiero ser verde, estar bajo el sol
quiero ser libre, y que nadie me use para cosas que no necesite
quiero ser pinchudo y estar aislado
quiero ser un cactus

martes, 19 de agosto de 2008

Registro II

Ilustración: Alexiev Gandman


Miércoles 13 de agosto

Les entrego a los alumnos una antología en la que seleccioné poesía de distintos escritores. Les cuento que la preparé yo mismo, que los poemas no están allí de casualidad. Les pido que la exploren libremente, primero, y que traten de vincular el título (Para leer de todas formas) con el contenido y la forma de la antología, después, y que pregunten lo que quieran saber.
Algunos se detienen en un poema en particular, en el título; lo registran en la memoria.
-A mi me gusta “Ama tu ritmo”- dice Rocío, que sabe cómo suenan juntas esas tres estupendas palabras.
Otros se detienen en las fotos de los poetas, y las reseñas bibliográficas son consideradas por aquellos que allí encuentran algo de su propio mundo. Alejandro nos dice sorprendido:
-Está Pablo Neruda.- y yo le contestó que sí y él lo conoce bien (se ha llevado más de un libro de Neruda de nuestra pequeña biblioteca del aula y ha compartido el material en su casa, además su madre, me contó alguna vez, copió algunos poemas en un papel; Alejandro ya es un intuitivo promotor de la lectura).
Ángel que sabe una sola anécdota sobre Antonio Machado, no pierde oportunidad para mencionarla. En la antología, hay una foto del poeta sevillano con su sombrero y su cara de bueno.
En la contratapa escribí una suerte de instructivo que presenta diversas maneras de leer y situaciones de lectura (“en voz alta, cuando llueve, de pie…”) para acompañar el sentido del título. Rocío y Florencia espontáneamente la leen para todos. Todos escuchamos la lectura de ambas que encontró una nueva forma de ser: se van turnando, y donde Rocío hace una pausa Florencia sigue, así intercalan sus voces espontáneas. Finalmente, ríen divertidas.
Les propongo pasar a una actividad más dirigida:
-Empecemos por el principio.- el principio son los poemas “Botella al mar” de Benedetti y “El mensaje” de Lamborghini. Ambos textos se tocan, se emparentan, dialogan. Lee Alexandra en voz alta “Botella al mar” y luego todos en voz baja “El mensaje”. Percibimos el sentido de ambos textos. Le damos importancia a la palabra, al silencio y a la pausa, que es una muestra gratis de silencio. Como quiero enfatizar la importancia del silencio y las pausa que separan las palabras, leo tres versos casi sin detenerme y luego los mismo tres deteniéndome deliberadamente. Notamos las diferencias de sentido que se producen. Anahí opina:
-Leer despacio emociona, tiene que ver con los sentimientos.
Lourdes agrega que:
-Sin pausa, pasa así no más.- y yo pienso que así perdemos algo del sentido o que es más difícil atraparlo, y les digo lo que pienso, pero de mejor manera.
Les pido que para concluir imaginen un mar y una botella. La botella la arrojarán con sus mensajes a ese mar imaginario. Los mensajes son, deben ser, una palabra favorita. Esa palabra que nos gusta por como suena o por lo que refiere. Les cuento que yo tenía en mi infancia dos palabras favoritas: “cobre” y “serpiente”. Me parecía que cobre sonaba al metal que representa y serpiente, en realidad, ni siquiera sabía escribirla bien. Anotaba “sarpiente” en un papel hasta que alguien me lo corrigió.
Guardé los papelitos con sus palabras en el bolsillo del delantal y luego los saqué al azar y transcribí las palabras en el pizarrón sin comas ni conjunciones. Les pedí que agreguen cada uno donde le resulte mejor los signos de puntuación o los nexos. Les mencioné que esta actividad estaba emparentada con las técnicas de escritura que un grupo de artistas (los surrealistas) comenzaron a desarrollar durante los años ’20 para escribir en grupo.
Muchos alumnos ya habían notado que el uso de las conjunciones o de las comas en la enumeración cambia de manera brutal la fuerza de un poema. Los últimos dos versos de “Botella al mar” son un buen ejemplo de esto.
Alexandra escribe:

Amor, claro chirimbolito, gota y responsable, música y fosforito,
electro bombo, temor y familia, electrónica y amor inútil,
cuete y pigmento magia electro, vampirismo, uranio y jugar.

jueves, 14 de agosto de 2008

Registro I

Ilustración: Joan Fernández


Registro, diario, idea original de este espacio en el espacio donde volcamos nuestras palabras. Retomo esa idea y comparto mis notas más frescas. Sin saber hasta qué punto no se convertirán en otra cosa.


Martes 12 de agosto

Salimos al sol. Cada alumno tiene en sus manos un libro de poesía distinto que acaba de recibir sin ninguna consigna. Les pido que se sienten en el suelo. Algunos eligen la sombra, otros, los rayos de febo. Se acomodan en un rectángulo que señalo. Me miran o leen, me escuchan o leen. Les cuento que los llevé hasta allí para leer, leernos. Les indico que se sienten separados unos de otro en ese breve rectángulo. Ese problema geométrico nos lleva un buen rato.
Los libros que tienen en sus manos son algunos de los que usé para componer una antología de poemas (Para leer de todas formas) que recibirán durante la semana. Pero hoy, y seguramente otros días también, leerán los libros originales.
La actividad consiste en leerle a un compañero un mínimo de dos versos del poema que escojan. El orden lo dará el azar puesto que yo tengo sus nombres anotados y los iré sacando de mi bolsillo. Lo importante es que el destinatario escuche. Para esto todos participamos del ejercicio. Sin moverse de su lugar, los que leen ingeniándoselas para que el otro escuche y el resto colaborando con su silencio y su escucha también. Comienzo a sacar sus nombres de mi bolsillo y empiezan a leerse.
La selección que hacen tiene mucho que ver con el sentido del poema, con lo que ellos pueden asimilar en forma inmediata. Casi todo lo que leen es directo, sin ambigüedades. El humor, primero, y el amor después son los tópicos comunes. En la imaginación se arman noviazgos ridículos para ellos, entre ellos, porque la poesía (trate de Venus o del páncreas) tiene, en el común de los sentidos, un estrecho vínculo con las declaraciones amorosas.
Desde la ventana de un aula nos avisan que ya ha sonado el timbre. Pero nosotros seguimos bebiendo del sol y de las palabras.

lunes, 4 de agosto de 2008

Para leer de todas formas

Dibujo: Patricia Metola

Comparto con ustedes la selección de poemas que preparé para leer con mis alumnos de séptimo grado. No fue tarea fácil decidir qué sí y qué no; toda antología implica un recorte y una exclusión. Allí creo reunir lo que es para mí la poesía y, en especial, aquella que debe y/o puede llegar a las manos de un público infantil o juvenil. Bájenla clickeando aquí (si la página en la que está alojado el archivo no se los permite bajar haciendo click en el ícono download, mándeme un mensaje a solicitándolo)


Los poemas están agrupados –aunque no explícitamente– por diferentes tópicos muy amplios e imprecisos. Estas son algunas posibles formas de atraparlos:
a) los que dicen algo de la poesía en general o de sus materiales, también artes poéticas (Botella al mar, V, El mensaje, Poética, Ama tu ritmo);
b) civiles o sociales (La luna con gatillo, Fusilamiento);
c) que dicen algo del yo lírico (Cansancio, Inútil soy, Estado de ánimo, La carencia);
d) que dicen algo del (LI, Ama tu ritmo)
e) que hablan de las cosas (Vaca, Las moscas, Oda a la tristeza, En la carpeta)

Los poetas que integran la antología son canónicos casi sin excepción. Tienen pedestal propio Martí, Darío, Neruda, Machado, García Lorca, Guillén, Storni y Gelman. En los límites se paran Lamborhini (por raro), Benedetti (porque le gusta a las adolescentes), Tuñon (por olvidado), Vinicius (por cantar en otro idioma) y un poco menos Pizarnik (por trágica o amiga de Cortázar).
Las referencias que se indican al pie de cada texto mencionan el libro original y la fecha de su aparición. Este dato, que parece menor, permite ubicar en el tiempo la aparición de los poemas y refiere a ese conjunto del cual formó parte el texto seleccionado. Algunos de esos poemarios han sido faroles para la producción poética del siglo veinte y exponentes ejemplares de un movimiento estético, empezando por los modernistas: Versos sencillos de Martí, Prosas profanas de Darío, Ocre de Storni y Soledades de Machado. Otros libros como Canciones para el tercer frente y Cantos para soldados y sones para turistas, de Tuñon y Guillén respectivamente fueron de relieve para los activistas (poetas o no) de mitad de siglo en adelante y después. La vanguardia (más justo sería decir el surrealismo) del veinte y del treinta no serían las mismas sin Veinte poemas para ser leídos en el tranvía de Girondo y, aunque de publicación tardía (1940), Poeta en Nueva York es otra obra necesaria e imprescindiblemente surrealista. Así Gotán de Gelman y Los trabajos y las noches de Pizarnik ocupan un lugar de privilegio y de prestigio para los ’60.
El hecho de incluir un reseña biográfica (mínima, muy mínima) de cada autor acompañada de su retrato, supone el ejercicio de pensar la literatura aferrada a la vida. En efecto, no la puedo desligar de una vida, de una historia. Cuánto más nos permite pensar sobre esa escritura la mera temporalidad, materialidad, existencia de una persona de carne y hueso. En fin, saber que hubo un bigotudo genial que murió en su caballo para liberar a Cuba de España.
Para leer de todas formas remite a todo lo que dejé expresado en la contratapa. La poesía que entra y que sale de la escuela cuando el lector se apropia de ella, poesía que se lee para ver cómo suena, para ver qué dice, para doler en un costado y compartir con otros, aunque esos otros tengan cuatro patas y hocico. Poesía para hacer poesía. Sí, además el título es optimista porque lo puedo pensarlo como: para leer a pesar de. (Perdón por explicar tanto). Optimista porque confía en que la lectura de tres versitos de nada (como los que deja caer la Pizarnik) enseñan, porque en un soneto (como los de Darío) hay algo irremplazable, universal, de la cultura humana, optimista porque aunque la poesía haya pasado a ser ahora más que nunca patrimonio del sótano, del olvido o de Palermo Soho la escuela le puede hacer un lugar.