viernes 10 de julio de 2009

José Martí y la educación


Urgencia y necesidad catalizan la acción, nos sacuden de la siesta, nos empujan hacia afuera. La tensión entre lo público y lo privado actualizada en el marco de la política educativa (dirigida, digerida) por los lineamientos decadentes del Banco Mundial puesta en práctica por los granaderos del gobierno nacional y por los cipayos del macrismo nos vienen sacudiendo como hace décadas. Las asambleas germinan, la calle se ocupa, las clases públicas se instalan y se plantean recuperar el espacio público; las burocracias celestiales se tapan la boca para rajarse alguna puteadita inofensiva. Pocos ámbitos democráticos y de participación real como las susodichas asambleas distritales y la iniciativa de un sindicato (Ademys) de abrir sus asambleas a todos los docentes responden en oposición decidida a la crisis educativa de Buenos Aires.

La urgencia y la necesidad catalizan la escritura, será por eso que hace un año maestros de la Ciudad de Buenos Aires con y sin filiación sindical decidimos publicar "Sacapuntas", una revista de educación hecha por docentes, una herramienta de reflexión para la acción. De allí esta nota sobre el cubano José Martí, educador, poeta, revolucionario.

El poeta, periodista y héroe de la independencia cubana fue también educador. Entre sus textos combatientes, los que cimentaron la lucha por independizarse del coloniaje español y los que alertaron sobre la voracidad de los EE.UU., deben incluirse también aquellos en los que expresó sus ideas sobre la educación de las mujeres y hombres de América Latina como arma sutil con la que enfrentó a los mismos enemigos. Este es un recorrido por algunas de sus experiencias pedagógicas y las ideas que las sustentaban.

Lejos de su isla, los dolores ulcerantes en la cintura y los tobillos le recuerdan invariablemente los grilletes del presidio. Corre el año de 1871, exiliado en Madrid y escaso de recursos, comienza a costearse sus estudios de Derecho, Filosofía y Letras como preceptor particular de los hijos de Doña Barbarita Echeverría. Esa experiencia lo aproxima a la educación, tema que le costará páginas dispersas.
Como político, ejerció el periodismo; siendo periodista trabajó la filigrana del material poético y escribió artículos sin retorcida retórica y llenos de belleza; el poeta que fue prefirió por igual las rosas y los puñales. Su preocupación por la pedagogía es un hilo que atraviesa a lo largo sus pensamientos escritos. Sólo en ese sentido podemos construir el perfil educador martiano: buscando en los fragmentos de su obra larga, en los retazos de esa textura caudalosa. No hay un compendio, conjunto o saga sobre la educación. Sus conceptos fueron volcados en el fragor de una escritura urgente, en la inmediatez que imponía la lucha por la independencia. Pero a su vez, esa escritura diseminada en periódicos, cartas y revistas compone el atractivo de un ideario pedagógico singular, y el ejercicio de una búsqueda, la intriga de lo incompleto; la ausencia de un volumen entero obliga a hacer un recorrido muy distinto de aquel que nos proponen las grandes teorías.

Número 77 de la calle William, en Nueva York: se reciben pedidos de La Edad de Oro. La publicación con tapa a dos colores -blanco y celeste-, láminas, cuentos, poemas y noticias del mundo es enteramente redactada por Martí. Con una forma pulida y accesible se embarca en el programa estético, literario y, por ende, político dedicado por completo a enriquecer la infancia de los futuros hombres y mujeres de América.
En el primer número, de julio de 1889, se encabezan sus treinta y dos páginas con estas palabras: "Para los niños es este periódico, y para las niñas, por supuesto (…) Todo lo que quieran saber les vamos a decir, y de modo que lo entiendan bien, con palabras claras y con láminas finas. Les vamos a decir cómo está hecho el mundo: les vamos a contar todo lo que han hecho los hombres hasta ahora. Para eso se publica LA EDAD DE ORO: para que los niños americanos sepan cómo se vivía antes, y se vive hoy, en América, y en las demás tierras: y cómo se hacen tantas cosas de cristal y de hierro, y las máquinas de vapor, y los puentes colgantes, y la luz eléctrica; para que cuando el niño vea una piedra de color sepa por qué tiene colores la piedra y qué quiere decir cada color; para que el niño conozca los libros famosos donde se cuentan las batallas y las religiones de los pueblos antiguos. Les hablaremos de todo lo que se hace en los talleres, donde suceden cosas más raras e interesantes que en los cuentos de magia, y son magia de verdad, más linda que la otra: y les diremos lo que se sabe del cielo, y de lo hondo del mar y de la tierra: y les contaremos cuentos de risa y novelas de niños, para cuando hayan estudiado mucho, o jugado mucho, y quieran descansar."
Un relato adaptado de la Ilíada de Homero, una historia del juego de “la gallina ciega” (nuestro gallito ciego) que se remonta a Francia, el poema Dos milagros y la historia Tres héroes donde retrata a San Martín, Bolívar e Hidalgo son algunos de los textos de esta primera edición. La revista tuvo en total cuatro números y luego fue reeditada en formato de libro una buena cantidad de veces. En ese relato sobre los héroes, se funde una visión de la historia de la independencia del continente con una declaración sobre el peligroso futuro del mismo si no se lo defiende de los nuevos imperios, y el destinatario es el público infantil: "El corazón se llena de ternura al pensar en esos gigantescos fundadores. Esos son héroes; los que pelean para hacer a los pueblos libres, o los que padecen en pobreza y desgracia por defender una gran verdad. Los que pelean por la ambición, por hacer esclavos a otros pueblos, por tener más mando, por quitarle a otro pueblo sus tierras, no son héroes, sino criminales."
Instalado, pero inquieto, inconforme. En los EE.UU., donde se forja el progreso de unos pocos y se cocina la miseria de unos cuantos, trabaja Martí, que viene de una patria de color. En aquella tierra, de la que ha admirado a su mayor poeta, es decir, a Walt Withman. En la patria de los que olfatean como ahora el olor del petróleo y se lanzan a la conquista del Oeste. El la cuna del periodismo amarillo. En la nación que ambiciona el Sur nuestro, Martí prepara sus armas de papel, y de las otras. Enfila contra la España oxidada que somete aún a la isla de Cuba y advierte a los latinoamericanos, del águila codiciosa que se cierne desde el Norte sobre nuestras cabezas. Prepara puñales y palabras, armas y hombres, porque no siente vergüenza de la pólvora bien apuntada contra el enemigo y sabe que no habrá patria sin educación. Es de noche, y el cubano entra al local de “La Liga de Instrucción” para obreros de color, donde ejerce su oficio de maestro y orador.
Ha comenzado la última década del siglo XIX, que lo tiene trabajando por la libertad de un pueblo. En sus páginas, se percibe el amor sincero por la formación intelectual de sus compatriotas. El amor está ligado al acto de enseñar. En la revista que él fundó, publica un comentario sobre esa fértil actividad educativa: "‘La Liga’ de New York es una casa de educación y de cariño, aunque quien dice educar, ya dice querer. En “La Liga” se reúnen, después de la fatiga del trabajo, los que saben que sólo hay dicha verdadera en la amistad y en la cultura (…). A leer y escribir aprenden unos en una mesa, y otros, estudiándose y corrigiéndose los ensayos, bracean en lo más hondo del corazón humano, y buscan, para la luz del juicio y el bien del país, lo oculto y verdadero que apenas se entrevé en las páginas de la historia." (Patria, 25 de marzo de 1892)
Y si nos permitimos algo más sobre esa escuela popular, es sólo para formarnos una mejor idea: " 'La Liga' de Nueva York, la casa de cariño y enseñanza donde se junta, al calor de la estufa pagada por los pobres, un grupo tenaz de hombres verdaderos, tuvo reunión hermosa el jueves. Vuelve a sus clases, y se le llenó el salón. Las mujeres fueron: ancianas recién llegadas de Cuba, y patriarcas de los pueblos de Oriente, y mozos en cuya frente altiva chispea la libertad. El trabajo de los talleres se acaba a las seis, y acá en New York se vive muy lejos del lugar de trabajar; pero a las ocho ya estaban en la casa de cariño aquellas almas disciplinadas. “La Liga”,-¿no se sabe por cuántos tiene corazón?- el hogar de ideas que desde hace años pagan, del sacrificio de sus difíciles salarios, unos cuantos obreros cubanos, obreros de color: de esos obreros nuestros, que, aunque parezca burla a algún inútil, tienen abierto en su mesa de trabajar, de ganarse el pan fiero e independiente, la Educación de Spencer o el Bonaparte de Iung o la Vida de Plutarco: y el que no tenga miedo a las escaleras oscuras, que se ponga la camisa al codo, y vaya a verlo. Salón más cortés no hay que el de “La liga”, ni de gente más sincera y elegante." (Patria, 4 de noviembre de 1894)
Como todo maestro, tuvo sus propios maestros. No fueron pedagogos importados, sino hombres de esta América Latina. A uno de ellos, José De la Luz, le rinde un profundo homenaje: "Pudo lucir en las academias sin esfuerzo su ciencia copiosa, y sólo mostró lo que sabía de la verdad, cuando era indispensable defenderla. Pudo escribir en obras -para su patria al menos- inmortales, lo que, ayudando la soberanía de su entendimiento con la piedad de su corazón, aprendió en los libros y en la naturaleza, sobre la música de lo creado y el sentido del mundo, y no escribió en los libros, que recompensan, sino en las almas, que suelen olvidar. Supo cuanto se sabía en su época; pero no para enseñar que lo sabía, sino para trasmitirlo. Sembró hombres." (El Economista Americano, Nueva York, marzo de 1888)
Algunos leerán en esas palabras sólo el peso de una generación de intelectuales formados a la europea. Y es evidente que a Martí lo atraviesan las marcas de su siglo: que fue positivista, sí, pero seguro con más confianza en el hombre que en el progreso vacío. En esas pocas líneas de "El economista..." se dice mucho. Se elige la emancipación de los hombres por sobre la fortuna y el prestigio individual, que no es poco. Se toma posición como educador, como intelectual. Se incita. Se dice mucho más de lo que está escrito.
Estos pedacitos sueltos de texto son una incitación para educadores y maestros. Vibran muchas veces las paredes de la escuela cuando la tarea pedagógica es vinculada a la tarea política, se escinde una de la otra como si fueran mundos paralelos. De esta separación no es única responsable la escuela, pero no es ajena. Repensar a Martí como educador, pensar a los maestros como actores políticos y a los “padres del aula” vernáculos como políticos es una necesidad de la escuela. La presencia de Martí en páginas como estas no son más que la invitación a pensar en un maestro, en un intelectual y en un educador comprometido políticamente como una clave para leer y actuar en el presente de nuestra historia y de nuestra escuela.
(En "Sacapuntas"; nº 1 año I julio de 2008)

sábado 6 de diciembre de 2008

Discurso de despedida para 7º grado

Ilustración: Alexiev

Tengo una sensación, una certeza: lo de este año fue actuar. Poner en acto, hacer, activar, actualizar. Un año de poca reflexión, siempre apresurada, pero necesaria; leer menos, escribir todo; decir más, escuchar algo. Y estuvo bien. No siempre contemplaremos la llanura mientras el sol prende los pastizales.

Ahora, dejó la última huella de este camino abierto: despedida para mis alumnos de séptimo grado.

Cada vez que un maestro tiene la suerte de despedir a un séptimo grado puede percibir aquel trabajo de siete años que la escuela hizo con él. En una sola persona están a la vista horas y horas de escritura, lectura, cálculo, razonamiento, discusión, frustraciones y alegrías.
Cuando pienso en esos siete años, se me viene a la mente la imagen de un viaje. La comparación entre la primaria y una aventura a través del océano me resulta inevitable. Pensemos: tripulantes en un barco surcando mares, enfrentando tempestades, disfrutando del sol o de los buenos vientos, atracando en distintos muelles, y en cada uno de ellos aprendiendo cosas nuevas. La larga travesía termina en una costa desconocida y es imposible emprender la vuelta porque se queman las naves.
Este año esa imagen mía del viaje la compartí con mis alumnos. Les advertí que el barco era aula y ellos los navegantes. Les propuse que escriban su propio viaje a través del Océano Escuela, que cuenten su historia y que compartan la incertidumbre sobre esa costa que van a pisar, es decir, la escuela media.
La verdad es que escribieron textos profundos como un mar verdadero. Y cada historia es bien diferente. Por ejemplo, hubo algunos relatos en los que se confesaron secretos e historias de amor de las cuales no diré una sola palabra porque así me lo pidieron los navegantes enamorados. También hubo relatos minuciosos o muy generales. Para Natalia por ejemplo la primaria fue: “el viaje más raro -dice-, pero que aprendió no sólo de aprender sino también de la vida”. Palabras tan ciertas como las de Enzo nos señalan que: “el gran botín -de la primaria- es la amistad”. Y para Yamila “estar con sus amigos era crecer”.
Camila nos cuenta que para llegar a la costa “solo leyó los mapas y estudió los océanos, y fue divirtiéndose y aprendiendo”. Escucharon bien: estudiar océanos, así de compleja e inmensa es la primaria.
Algunos tripulantes, como Rocio, dijeron que “se quedarían en este océano siempre”. Otros como Lucía esperan encontrar en la secundaria “una experiencia llena de amor y amistad entre seres queridos, seres pasados y amigos”. Quizás a Lourdes le tocó decir con mayor nitidez lo que siente al dejar la escuela un alumno de séptimo grado: (cito textual) “este barco se hará viejo con los años, pero para mí siempre estará presente porque lo que viví en este barco no lo viviré en otro”.
Todos han dejado plasmada en una hoja su vida de escuela, el viaje, el miedo a lo nuevo, la aventura. Me encantaría compartir cada texto como ellos lo compartieron conmigo, pero hay tierra a la vista y si las gaviotas nos vienen a recibir, quiere decir que esto se termina.
Así que, chicos, quiero que guarden estas palabras, que las retengan, que no las pierdan ni las dejen tiradas por ahí. Cuídenlas como el tesoro que se encuentra en una isla perdida.

miércoles 10 de septiembre de 2008

Registro IV


27 de agosto

Estamos en la biblioteca recién comenzada la mañana. Los alumnos debían escoger de nuestra antología un poema para leer en voz alta. Antes de comenzar con la lectura hacemos algunos ejercicios para relajar las cuerdas vocales y mejorar nuestra postura. Es muy temprano y muchos de nosotros no hemos usado la voz en absoluto. Les explico cómo nuestro aparato fonador emite el sonido de la voz y cómo podemos ayudar a que ésta sea más clara. Después de los ejercicios les leo yo primero. Para abrir la ronda de lectura elegí el poema “Vegetaciones” del Canto general de Pablo Neruda. Luego, les pregunto quiénes quieren leer. No todos levantan la mano, pero se anima la mayoría.
Antes de que ellos le den continuidad a la ronda, subrayo que para lograr una buena lectura la responsabilidad corre por cuenta del que escucha y del que lee. El primero aporta su interés en lo que el otro leerá, también el silencio, y el que lee hace su parte con las palabras compartidas. Los poemas de la antología más elegidos son “Estado de animo”, “En la carpeta”, “Ama tu ritmo”, “Sombras de los días por venir” y “La carencia”. No tenemos inconveniente si repiten la lectura del poema de un compañero, la lectura siempre renueva lo que se dice a través de la forma que toma en la voz de quien lee.
Las primeras lecturas son de un singular atractivo para todos, el grado de atención es tal que no hace falta hacer ningún tipo de señalamiento o advertencia. Se escuchan, se reconocen, se interesan. Construyen un silencio artesanal donde entran cómodas las palabras. La lectura de “Estado de ánimo” que hace Walter con su voz de laguna es tan acertada que todos nos quedamos en silencio un tiempo largo. Le explico que ese silencio nuestro es un elogio porque demuestra nuestras ganas de seguir escuchando.
Lucía, alumna con una gran predisposición para el canto y la actuación, sumada a su desenfado natural, me propone cantar en vez de leer el poema de Darío “Ama tu ritmo”. Como la empresa me parece demasiado compleja para que se lleve a cabo en la improvisación total, le propongo que esta vez nos lo lea y que ensaye una interpretación musical para más adelante. Le explico que el poema es en sí muy difícil (los encabalgamientos y el uso de palabras desconocidas para ellos son la dificultad mayor), y que su sola lectura le va a llevar trabajo. Acepta, pero insiste que nos lo cantará la próxima. Nos parece bien, si lo practica previamente.
Todos los que leen reciben de parte del auditorio de compañeros un silencio inédito y bajo mi recomendación –por ser los primeros ensayos– sólo palabras elogiosas que destacan lo positivo de la lectura porque ya tendremos oportunidad de marcar errores.
El timbre, que resulta tan ajeno a todo lo que hemos logrado en cuarenta minutos, nos arrebata la paciencia, la escucha y la palabra serena como quien deja caer una pequeña vasija al suelo.

miércoles 27 de agosto de 2008

Registro III


Imagen: Palomar


21 de agosto

El libro que tengo en las manos es una antología de Oliverio Girondo. Hoy se trata de él porque los chicos en sus antologías leen el poema “Cansancio” de Persuasión de los días (1942). Pero antes les cuento (y me apoyo en la imagen que acompaña la muy breve reseña biográfica) que Oliverio fue un poeta de vanguardia, que una vanguardia es lo que va adelante, y en arte eso quiere decir lo que es novedoso. Les cuento que fue uno de los pocos poetas surrealistas que hemos tenido en Argentina y que su poesía es un notable experimento con las palabras.
-Las desarma- les digo -pero no sólo las palabras, también las ideas.
Estamos sentados en el piso. Primero leemos en silencio. Luego, formulo dos preguntas: ¿Sobre qué es este cansancio del poema? ¿Qué quisiera ser esa voz que habla en el poema?
Iván dice:
-Está cansado de su cuerpo- y es lo correcto.
Lucía agrega:
-De su vida- su comentario nos habilita a pensar que una poesía o un cuento es una forma de probar cómo sería vivir otra vida. Es una forma imaginaria, pero posible.
Como nos importa escucharnos, escuchar cómo suena nuestra voz leyendo, le propongo hacer un ejercicio.
-Vamos a leer el poema en un estado de agotamiento- a propósito, les pido pensar en qué hace uno cuando está cansado. Cómo usa la voz, el cuerpo, los gestos. Invito a que asuman ese cansancio. Casi todos vencen la vergüenza de exponerse ante los otros. Los chicos tienen una expresividad necesitada de espacio que se hace notar.
Cuando el clima es propicio, les indico que lean sintiendo ese cansancio. Allí es dónde a Anahí casi se le quiebra la voz, o Dante en el frente se apoya contra la pared agotado para leer. Más tarde, Fernando sostiene una estrofa entera haciendo una voz extrañísima que nunca le habíamos escuchado.
Les vuelvo a preguntar sobre el poema. Les pido que vuelvan a notar qué cambios desea esa voz (que llamamos yo lírico): se percatan de que le gustaría ser insecto, alienígena, otro mamífero, mujer. Charlamos sobre la sexualidad de Oliverio. Para los chicos, y en especial para los varones, decir en cualquier parte –incluso en un cuento o un poema-, que se desea cambiar el sexo supone que quién lo dice es necesariamente homosexual o travesti o ambos. Esto los pone nerviosos y no pueden evitar las bromas.
Sin embargo, este no es el tema que más interés les ha despertado. Desde que empezamos a leer fueron diciendo espontáneamente qué animal les gustaría ser. La consigna de escritura "sale sola". Escriben un poema que puede empezar por “Estoy cansado de…” y piensan en todo lo que no tienen por no ser el animal o el vegetal que desean ser.
Camila nos conmueve con “Cansada de caminar”:

estoy cansada de no tener
alas, de no tener plumas suaves,
de no poder volar, de no ver
el cielo desde lo alto.


Dante se arriesga con “Mi voz vegetal”:

Estoy cansado de pensar,
de moverme, de las clases
del poeta filósofo, de esforzarme,
de estar encerrado, de estar cansado,
de tener piel y muchos pelos
de escribir esto.
Quiero ser verde, estar bajo el sol
quiero ser libre, y que nadie me use para cosas que no necesite
quiero ser pinchudo y estar aislado
quiero ser un cactus

martes 19 de agosto de 2008

Registro II

Ilustración: Alexiev Gandman


Miércoles 13 de agosto

Les entrego a los alumnos una antología en la que seleccioné poesía de distintos escritores. Les cuento que la preparé yo mismo, que los poemas no están allí de casualidad. Les pido que la exploren libremente, primero, y que traten de vincular el título (Para leer de todas formas) con el contenido y la forma de la antología, después, y que pregunten lo que quieran saber.
Algunos se detienen en un poema en particular, en el título; lo registran en la memoria.
-A mi me gusta “Ama tu ritmo”- dice Rocío, que sabe cómo suenan juntas esas tres estupendas palabras.
Otros se detienen en las fotos de los poetas, y las reseñas bibliográficas son consideradas por aquellos que allí encuentran algo de su propio mundo. Alejandro nos dice sorprendido:
-Está Pablo Neruda.- y yo le contestó que sí y él lo conoce bien (se ha llevado más de un libro de Neruda de nuestra pequeña biblioteca del aula y ha compartido el material en su casa, además su madre, me contó alguna vez, copió algunos poemas en un papel; Alejandro ya es un intuitivo promotor de la lectura).
Ángel que sabe una sola anécdota sobre Antonio Machado, no pierde oportunidad para mencionarla. En la antología, hay una foto del poeta sevillano con su sombrero y su cara de bueno.
En la contratapa escribí una suerte de instructivo que presenta diversas maneras de leer y situaciones de lectura (“en voz alta, cuando llueve, de pie…”) para acompañar el sentido del título. Rocío y Florencia espontáneamente la leen para todos. Todos escuchamos la lectura de ambas que encontró una nueva forma de ser: se van turnando, y donde Rocío hace una pausa Florencia sigue, así intercalan sus voces espontáneas. Finalmente, ríen divertidas.
Les propongo pasar a una actividad más dirigida:
-Empecemos por el principio.- el principio son los poemas “Botella al mar” de Benedetti y “El mensaje” de Lamborghini. Ambos textos se tocan, se emparentan, dialogan. Lee Alexandra en voz alta “Botella al mar” y luego todos en voz baja “El mensaje”. Percibimos el sentido de ambos textos. Le damos importancia a la palabra, al silencio y a la pausa, que es una muestra gratis de silencio. Como quiero enfatizar la importancia del silencio y las pausa que separan las palabras, leo tres versos casi sin detenerme y luego los mismo tres deteniéndome deliberadamente. Notamos las diferencias de sentido que se producen. Anahí opina:
-Leer despacio emociona, tiene que ver con los sentimientos.
Lourdes agrega que:
-Sin pausa, pasa así no más.- y yo pienso que así perdemos algo del sentido o que es más difícil atraparlo, y les digo lo que pienso, pero de mejor manera.
Les pido que para concluir imaginen un mar y una botella. La botella la arrojarán con sus mensajes a ese mar imaginario. Los mensajes son, deben ser, una palabra favorita. Esa palabra que nos gusta por como suena o por lo que refiere. Les cuento que yo tenía en mi infancia dos palabras favoritas: “cobre” y “serpiente”. Me parecía que cobre sonaba al metal que representa y serpiente, en realidad, ni siquiera sabía escribirla bien. Anotaba “sarpiente” en un papel hasta que alguien me lo corrigió.
Guardé los papelitos con sus palabras en el bolsillo del delantal y luego los saqué al azar y transcribí las palabras en el pizarrón sin comas ni conjunciones. Les pedí que agreguen cada uno donde le resulte mejor los signos de puntuación o los nexos. Les mencioné que esta actividad estaba emparentada con las técnicas de escritura que un grupo de artistas (los surrealistas) comenzaron a desarrollar durante los años ’20 para escribir en grupo.
Muchos alumnos ya habían notado que el uso de las conjunciones o de las comas en la enumeración cambia de manera brutal la fuerza de un poema. Los últimos dos versos de “Botella al mar” son un buen ejemplo de esto.
Alexandra escribe:

Amor, claro chirimbolito, gota y responsable, música y fosforito,
electro bombo, temor y familia, electrónica y amor inútil,
cuete y pigmento magia electro, vampirismo, uranio y jugar.

jueves 14 de agosto de 2008

Registro I

Ilustración: Joan Fernández


Registro, diario, idea original de este espacio en el espacio donde volcamos nuestras palabras. Retomo esa idea y comparto mis notas más frescas. Sin saber hasta qué punto no se convertirán en otra cosa.


Martes 12 de agosto

Salimos al sol. Cada alumno tiene en sus manos un libro de poesía distinto que acaba de recibir sin ninguna consigna. Les pido que se sienten en el suelo. Algunos eligen la sombra, otros, los rayos de febo. Se acomodan en un rectángulo que señalo. Me miran o leen, me escuchan o leen. Les cuento que los llevé hasta allí para leer, leernos. Les indico que se sienten separados unos de otro en ese breve rectángulo. Ese problema geométrico nos lleva un buen rato.
Los libros que tienen en sus manos son algunos de los que usé para componer una antología de poemas (Para leer de todas formas) que recibirán durante la semana. Pero hoy, y seguramente otros días también, leerán los libros originales.
La actividad consiste en leerle a un compañero un mínimo de dos versos del poema que escojan. El orden lo dará el azar puesto que yo tengo sus nombres anotados y los iré sacando de mi bolsillo. Lo importante es que el destinatario escuche. Para esto todos participamos del ejercicio. Sin moverse de su lugar, los que leen ingeniándoselas para que el otro escuche y el resto colaborando con su silencio y su escucha también. Comienzo a sacar sus nombres de mi bolsillo y empiezan a leerse.
La selección que hacen tiene mucho que ver con el sentido del poema, con lo que ellos pueden asimilar en forma inmediata. Casi todo lo que leen es directo, sin ambigüedades. El humor, primero, y el amor después son los tópicos comunes. En la imaginación se arman noviazgos ridículos para ellos, entre ellos, porque la poesía (trate de Venus o del páncreas) tiene, en el común de los sentidos, un estrecho vínculo con las declaraciones amorosas.
Desde la ventana de un aula nos avisan que ya ha sonado el timbre. Pero nosotros seguimos bebiendo del sol y de las palabras.

lunes 4 de agosto de 2008

Para leer de todas formas

Dibujo: Patricia Metola

Comparto con ustedes la selección de poemas que preparé para leer con mis alumnos de séptimo grado. No fue tarea fácil decidir qué sí y qué no; toda antología implica un recorte y una exclusión. Allí creo reunir lo que es para mí la poesía y, en especial, aquella que debe y/o puede llegar a las manos de un público infantil o juvenil. Bájenla clickeando aquí (si la página en la que está alojado el archivo no se los permite bajar haciendo click en el ícono download, mándeme un mensaje a solicitándolo)


Los poemas están agrupados –aunque no explícitamente– por diferentes tópicos muy amplios e imprecisos. Estas son algunas posibles formas de atraparlos:
a) los que dicen algo de la poesía en general o de sus materiales, también artes poéticas (Botella al mar, V, El mensaje, Poética, Ama tu ritmo);
b) civiles o sociales (La luna con gatillo, Fusilamiento);
c) que dicen algo del yo lírico (Cansancio, Inútil soy, Estado de ánimo, La carencia);
d) que dicen algo del (LI, Ama tu ritmo)
e) que hablan de las cosas (Vaca, Las moscas, Oda a la tristeza, En la carpeta)

Los poetas que integran la antología son canónicos casi sin excepción. Tienen pedestal propio Martí, Darío, Neruda, Machado, García Lorca, Guillén, Storni y Gelman. En los límites se paran Lamborhini (por raro), Benedetti (porque le gusta a las adolescentes), Tuñon (por olvidado), Vinicius (por cantar en otro idioma) y un poco menos Pizarnik (por trágica o amiga de Cortázar).
Las referencias que se indican al pie de cada texto mencionan el libro original y la fecha de su aparición. Este dato, que parece menor, permite ubicar en el tiempo la aparición de los poemas y refiere a ese conjunto del cual formó parte el texto seleccionado. Algunos de esos poemarios han sido faroles para la producción poética del siglo veinte y exponentes ejemplares de un movimiento estético, empezando por los modernistas: Versos sencillos de Martí, Prosas profanas de Darío, Ocre de Storni y Soledades de Machado. Otros libros como Canciones para el tercer frente y Cantos para soldados y sones para turistas, de Tuñon y Guillén respectivamente fueron de relieve para los activistas (poetas o no) de mitad de siglo en adelante y después. La vanguardia (más justo sería decir el surrealismo) del veinte y del treinta no serían las mismas sin Veinte poemas para ser leídos en el tranvía de Girondo y, aunque de publicación tardía (1940), Poeta en Nueva York es otra obra necesaria e imprescindiblemente surrealista. Así Gotán de Gelman y Los trabajos y las noches de Pizarnik ocupan un lugar de privilegio y de prestigio para los ’60.
El hecho de incluir un reseña biográfica (mínima, muy mínima) de cada autor acompañada de su retrato, supone el ejercicio de pensar la literatura aferrada a la vida. En efecto, no la puedo desligar de una vida, de una historia. Cuánto más nos permite pensar sobre esa escritura la mera temporalidad, materialidad, existencia de una persona de carne y hueso. En fin, saber que hubo un bigotudo genial que murió en su caballo para liberar a Cuba de España.
Para leer de todas formas remite a todo lo que dejé expresado en la contratapa. La poesía que entra y que sale de la escuela cuando el lector se apropia de ella, poesía que se lee para ver cómo suena, para ver qué dice, para doler en un costado y compartir con otros, aunque esos otros tengan cuatro patas y hocico. Poesía para hacer poesía. Sí, además el título es optimista porque lo puedo pensarlo como: para leer a pesar de. (Perdón por explicar tanto). Optimista porque confía en que la lectura de tres versitos de nada (como los que deja caer la Pizarnik) enseñan, porque en un soneto (como los de Darío) hay algo irremplazable, universal, de la cultura humana, optimista porque aunque la poesía haya pasado a ser ahora más que nunca patrimonio del sótano, del olvido o de Palermo Soho la escuela le puede hacer un lugar.