viernes, 23 de diciembre de 2011

Cosas inéditas

A sus ojos enormes, en su carita pecosa, no se les escapa nada. Preocupada siempre por el murmullo social de su grupo, a Katherine no le tiembla el pulso para repartir unos buenos insultos y unas trompadas si alguno osa reírse de ella, de sus ojazos, de su Paraguay materno. Es tan inquieta que pocas veces la he visto sentada. Kathy tiene su propia velocidad y sabe esquivar las balas como el tipo de Matrix, pero sonriente. Rápida y a los golpes se deshace de los problemas y los problemas vuelven siempre a los golpes: en la escuela, en la vida, en el barrio es así. Un día de tantos estamos sumergidos en la nube calurosa del aula, rodeados por otros problemas. Las fracciones y sus caprichos nos tienen a todos muy ocupados. Ya son más de las cuatro de la tarde y otra vez nos encontramos resolviendo situaciones en donde se reparten pizzas o chocolates de maneras francamente ridículas, pero intelectualmente estimulantes. El ventilador del techo del aula remueve nuestras ideas, del aire fresco tenemos sólo el recuerdo.

Kathy va resolviendo algunos problemas alternativamente en la carpeta y en el libro. Nunca se lo dije, pero me encanta su letra redonda y grande como sus ojos. Cada actividad que resuelve requiere de mi aprobación para continuar. En esta última que me ha mostrado, le señalo algunos errores, con lápiz escribo en su hoja ejemplos y hago dibujos, y ella entiende inmediatamente. Toma su goma de borrar y hace desaparecer en un santiamén su escritura y la mía.

-No era necesario que borres lo que hicimos, eso puede quedar en la carpeta y no está mal- le digo- ¿Por qué lo borrás?

-Es que soy tan delicada- me contesta.

Ambos nos miramos y sonreímos franca y amistosamente.

viernes, 8 de julio de 2011

Caravana a Diario

Diario de la Caravana Solidaria con la lucha de los docentes de Santa Cruz en huelga.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Un día feliz


Compañeros: esta es una crónica de cómo hoy (lunes 9-XI-2009) el macrismo tuvo que recular con el proyecto que ya todos conocen. Este proyecto que profundiza la fragmentación social y querían imponer por la fuerza en nuestra escuela fue para atrás con el reclamo y la lucha colectiva. Entre los padres, los pibes y los maestros le ganamos la pulseada.


Un día feliz

Las 12 y la única noticia era que la Directora del Área estaba demorada. En la Escuela nº 4 del distrito 7º estamos esperando esta reunión que tenía fecha previa, el viernes 6 de noviembre. En este encuentro cara a cara con la funcionaria macrista replicaríamos nuestra oposición al proyecto de cambio de modalidad y fragmentación ("¿Por qué una nueva escuela?") que quieren aplicar en nuestra escuela y en otras más. Al final llegó, menos impuntual de lo que esperábamos. Liliana Caracciolo más una acompañante que no se presentaría jamás pasaron a la biblioteca de la escuela y detrás los maestros. En la calle unos cincuenta padres esperaban a que se los hiciera pasar; son tan parte del conflicto, tan parte de la escuela como nosotros. La Directora del Área se negó ante nuestro pedido de tener la reunión con toda la comunidad escolar: “Ustedes están muy mal informados”, nos dijo, “la reunión con los padres es el 13 de noviembre”. Le insistimos, le explicamos que los padres están muy preocupados y que se convocaron para escuchar en directo, no en diferido lo que nos tienen para decir. No hay caso. Los padres fuera de la escuela, los maestros en la biblioteca y la Dirección del Área ensayando una larga sordera. La reunión empieza con una conducta ostensiblemente agresiva hacia los docentes (mi registro es un poco desorganizado, mental sobre todo) que iría aumentando con el correr de los minutos. La Directora del Área señalaría una y otra vez que una de las causas por las que la matrícula de la escuela pública ha bajado es la pobreza de la propuesta pedagógica de sus docentes. Ninguno de nosotros aceptó este discurso y se lo hicemos saber. La Directora del Área seguía empecinada en demostrar o en imponer un realidad que ninguno de nosotros compartía. Afuera se empezaba a escuchar a los padres que no se habían movido: golpes de tambor casero, voces altas en cuello se filtraban y de a poquito empezaban a ocupar el espacio y a hacer cada vez más tensa la situación. Cuestionamos que el proyecto haya nacido sin consulta previa a la comunidad: “En abril empezamos a pensarlo; es producto de tres cabezas”, dice la señora Caracciolo, que aun sostenía que esto iba sí o sí. Nos pronunciamos totalmente en contra de que se hable de los chicos en términos de “excedente”: “El Consejo Nacional de Educación usa ese término, ¿vos sabés lo que es el Consejo Nacional de Educación?”, le dijo a quién redacta, con una autoridad sólida como el merengue. Enfrascamientos como éste se presencian en contadas oportunidades. Caracciolo seguía hablando de los niños de Lugano, Bajo Flores y Soldati como “excedente”. “Excedente, es lo que sobra, ¿cómo pueden sobrar niños para la escuela pública?”, le decimos. La respuesta chorrea cinismo: “Es matrícula que sobra”, sentencia. La biblioteca se empezaba a poblar con la solidaridad de algún que otro maestro que se acercó hasta la escuela. El clima se cortaba con un cuter. Cuando le señalamos que es indignante que el Gobierno considere como "ganado" a los chicos, pretendiendo darles un desayuno arriba del micro, el revés nos deja a todos una muestra cabal de la persona que teníamos adelante: “Van a ser turistas de primera clase”, dijo Caracciolo, sonrisa socarrona de por medio, sarcasmo, burla, mala leche. Los maestros la aplaudimos como toda respuesta. La cosa siguió con amenazas por parte de Caracciolo con el cierre de los grados. Los padres a esta altura golpeaban las paredes vidriadas de la biblioteca y ocupaban todo el hall interno de la escuela. La Directora del Área señaló que esto no es propio del ámbito escolar. “Esta situación violenta la genera su gobierno, háganse cargo”, le contestamos. La puerta se abrió y entró una madre: “No nos van a dejar afuera”. Todos los padres se hicieron presentes en la biblioteca y rodearon a la Directora del Área. Una mujer grandota se le sentó al ladito y le habló de cerca: “¿Por qué nos quieren dejar sin escuela? Nosotros elegimos la jornada simple”. Uno por uno, los padres le fueron dando sus argumentos: profundos, genuinos, sencillos, valiosos. Caracciolo empezó a hacer malabares dialécticos para sostener su discurso. Las camaritas de los celulares se comenzaron a encender y casi todo fue registrado. Los malabares no alcanzaban y la postura aparentemente irrompible se empezó a doblar. Le pedimos que repita lo que nos dijo a nosotros: que el proyecto sigue en pie, que los niños harán turismo atravesando la ciudad. Tensión y pasos truncos de baile para encontrar una salida. Los maestros le pedimos que se comprometa públicamente a que este proyecto que atenta contra la educación pública no será aplicado en ninguna escuela de la Capital. Se aplaude, se canta: “¡Padres y maestros la lucha es una sola, y al que no le guste se embroma, se embroma!”. Los padres, los padres siguieron negándose a aceptar algo que nadie pidió y que pone en riesgo a la escuela. A esta altura los problemas derivaron en las políticas generales del macrismo. Le dijimos que estábamos cansados de la agresión constante y una madre maternal (es así) nos preguntó: “¿Los agredieron?”, y contestamos “Nos trataron de vagos”. Ah, esa madre: “¿Cómo le van a decir vagos a estos maestros? Ellos educan tan bien a nuestros hijos, son tan prolijos”. Ternura, cosas de la garganta y no sé que más. La reunión llevaba para una hora y pico cuando Caracciolo dijo que “Si los padres y los maestros no quieren el proyecto, no se hace”. Respiramos: por una vez tuvieron que ir para atrás. Pedimos que eso conste en un acta. El supervisor del distrito, que observaba silenciosamente, redactó toda la nota donde se dejó constancia de que en la Escuela nº 4 no habrá proyecto nuevo. Abajo las firmas de la funcionaria, de todos los maestros y de todos los padres. La mamá grandota que se había sentado al lado de la funcionaria entrelazó las manos y le mostró: “Acá, los maestros y los padres estamos así, unidos, juntos”. Poco, más o menos, es lo que sucedió esta tarde. Los pibes esperándonos en el patio para empezar el día. Eran ya las tres y un cielo gris plomizo nos cubría la cabeza. Un lindo día, creo, un día feliz.


Hernán Boeykens (Maestro de la Escuela nº 4 D.E. 7)

Rechazamos el proyecto: “¿Por qué una escuela nueva?”

En la Escuela nº 4 DE 7 quisieron implementar un proyecto que con la fachada del cambio de modalidad (de JS a JC) encumbría un trasfondo de fragmentación y destrucción de las condiciones de la educación pública en particular y en general. Haciendo click aquí se puede leer el proyecto "¿Por qué una nueva escuela?" http://www.scribd.com/doc/22509631/Escuela-del-bicentenario
El proyecto no tiene nombre ni membrete ni firma. Está bajado, cayó de arriba, viene de improviso como quién tira un piano por la ventana. Pero a pesar de la improvisación y la pésima estructura argumental, no le falta un milímetro de coherencia con las políticas privatistas y pro-fragmentación del sistema público educativo. Cuando hablamos de fragmentación, nos referimos a la segmentación por clase social, que se traduce en escuelas para pobres y escuelas para ricos.
El proyecto “¿Por qué una nueva escuela?”, que quiere implementarse en las escuelas nº 4 y nº 2 del D.E. 7º , nº 21 del D.E. 15º y nº 23 del D.E. 9º, hace un análisis de la situación poblacional y demográfica -con una escasez de datos alarmante- de la Zona II (DD. EE. 13, 19 y 21, Soldati, Bajo Flores y Lugano); sugiere que la matricula que no tiene posibilidades de acceder a su escolaridad es un “excedente” y critica la reubicación de los alumnos a distritos lejanos a sus hogares. Dice textualmente: “entonces, qué pasa con la escolaridad de estos niños???? En todo caso no importa demasiado, la urgencia es ponerlos en algún lado y rellenar aulas vacías”. De allí que se pueda suponer que la “nueva escuela” será un nuevo edificio para que los niños no tengan que trasladarse muy lejos de sus hogares. No, la solución es lo mismo que cuestionan.
Cinismo mediante -ya se dieron el lujo de señalar que las aulas de nuestra escuela están vacías-, afirman que se hicieron indagaciones respecto de las circunstancias en las que estos alumnos trasladados se integrarían en las “escuelas de destino”. Falso: nunca pisaron, al menos, la Escuela nº 4. Afirman también que estas escuelas no tienen posibilidad de aumentar la matrícula. Sin embargo, en la Escuela nº 4, esto se contradice con el incremento de alumnos que recibió en los últimos años. Por otro lado, hay que subrayar la dificultosa tarea de retener matrícula en la escuela pública cuando desde el gobierno se prioriza la educación privada, haciendo de estos colegios una opción accesible para un sector determinado de la población, subvencionándolos por cifras escandalosas y haciendo partícipe al estado de la mantención de negocios y proyectos particulares. Para poner dos ejemplos: frente a la Escuela nº 4 D.E. 7 (Rivadavia 6065) se encuentra el Instituto Argentino Excelsior que recibe el 100% de subvención, en total son más de $1.100.000 por año; a pocas cuadras, el Colegio Marianista con un 50% de subvención, recibe $670.000 por año. Tómese en cuenta que la Escuela nº 4 recibe entre Cooperadora e ingresos varios unos $50.000 anuales.
La solución para la falta de escuelas es la construcción urgente de edificios públicos adecuados, cosa que se podría resolver si se destinaran para ese fin los $700.000.000 que recibe la educación privada por año. El gobierno claramente no tiene intenciones de dar una solución definitiva al problema de la falta de vacantes y superpoblación de aulas. De hecho está cajoneado el expediente del petitorio por construcción de escuelas en el D.E. 19 (531960/2008 DGAR) presentado en noviembre de 2008.
El gobierno ocasiona así más dificultades a las familias que viven en los barrios del sur, trasladando a los niños, alejando la escuela de la casa, provocando un desarraigo que no se revierte con “el traslado de las familias para los actos escolares” como propone garantizar el proyecto con dos micros semanales que transporten a los padres que quieran acercarse a la escuela.
Es evidente que este proyecto apunta a profundizar el esquema de escuelas privadas para un sector medio y alto de la sociedad, y escuelas públicas abarrotadas de chicos pobres. Estamos convencidos de que a través de este cambio violento de modalidad se esconde la intención de crear una escuela más que imposibilite la integración. Si, como dice la letra, “el desayuno y la merienda (se darán) en el trayecto desde y hasta los hogares”, entendemos que aquí se excluye a los niños de los alrededores que no viajan en micro para llegar a la escuela. Pero si esto no es aun contundente, baste con agregar que en la reunión entre la Dirección del Área y las conducciones de las escuelas involucradas se informó explícitamente que los alumnos del barrio de la escuela no podrán inscribirse para el año que viene. Esta situación es totalmente anti-reglamentaria. Se quiere profundizar la fragmentación social, expulsando compulsivamente a los alumnos que viven cerca para que no se “mezclen” con los niños del sur. Además, se habla de “garantizar la reubicación de toda la población escolar que no acepte esta nueva organización en escuelas cercanas de la jurisdicción”. Teniendo en cuenta que no hay alrededor de la escuela otros establecimientos públicos de jornada simple, nos preguntamos a qué otras escuelas podrán ir estos niños que no sean los colegios privados.
El proyecto da por descontada la violencia que esto generará en las familias, en la institución, en los niños. Lo apunta en el apartado “Desde lo pedagógico curricular” cuando dice que se elaboren “proyectos curriculares que involucren los contenidos curriculares y los que respondan al quiebre en la organización institucional y que apunten a la modificación del dispositivo naturalizado de escolaridad primaria simple”. Nos causa mucha indignación que se pretenda utilizar el tiempo de enseñanza para justificar un cambio que nunca pedimos, un cambio que perjudica al sistema público educativo y a las comunidades de este distrito, como así también a las comunidades de los distritos de la zona sur, sin solucionar ningún problema de fondo.


Defendemos una escuela que no excluya a nadie, una escuela pública en condiciones para todos los niños

viernes, 10 de julio de 2009

José Martí y la educación


Urgencia y necesidad catalizan la acción, nos sacuden de la siesta, nos empujan hacia afuera. La tensión entre lo público y lo privado actualizada en el marco de la política educativa (dirigida, digerida) por los lineamientos decadentes del Banco Mundial puesta en práctica por los granaderos del gobierno nacional y por los cipayos del macrismo nos vienen sacudiendo como hace décadas. Las asambleas germinan, la calle se ocupa, las clases públicas se instalan y se plantean recuperar el espacio público; las burocracias celestiales se tapan la boca para rajarse alguna puteadita inofensiva. Pocos ámbitos democráticos y de participación real como las susodichas asambleas distritales y la iniciativa de un sindicato (Ademys) de abrir sus asambleas a todos los docentes responden en oposición decidida a la crisis educativa de Buenos Aires.

La urgencia y la necesidad catalizan la escritura, será por eso que hace un año maestros de la Ciudad de Buenos Aires con y sin filiación sindical decidimos publicar "Sacapuntas", una revista de educación hecha por docentes, una herramienta de reflexión para la acción. De allí esta nota sobre el cubano José Martí, educador, poeta, revolucionario.

El poeta, periodista y héroe de la independencia cubana fue también educador. Entre sus textos combatientes, los que cimentaron la lucha por independizarse del coloniaje español y los que alertaron sobre la voracidad de los EE.UU., deben incluirse también aquellos en los que expresó sus ideas sobre la educación de las mujeres y hombres de América Latina como arma sutil con la que enfrentó a los mismos enemigos. Este es un recorrido por algunas de sus experiencias pedagógicas y las ideas que las sustentaban.

Lejos de su isla, los dolores ulcerantes en la cintura y los tobillos le recuerdan invariablemente los grilletes del presidio. Corre el año de 1871, exiliado en Madrid y escaso de recursos, comienza a costearse sus estudios de Derecho, Filosofía y Letras como preceptor particular de los hijos de Doña Barbarita Echeverría. Esa experiencia lo aproxima a la educación, tema que le costará páginas dispersas.
Como político, ejerció el periodismo; siendo periodista trabajó la filigrana del material poético y escribió artículos sin retorcida retórica y llenos de belleza; el poeta que fue prefirió por igual las rosas y los puñales. Su preocupación por la pedagogía es un hilo que atraviesa a lo largo sus pensamientos escritos. Sólo en ese sentido podemos construir el perfil educador martiano: buscando en los fragmentos de su obra larga, en los retazos de esa textura caudalosa. No hay un compendio, conjunto o saga sobre la educación. Sus conceptos fueron volcados en el fragor de una escritura urgente, en la inmediatez que imponía la lucha por la independencia. Pero a su vez, esa escritura diseminada en periódicos, cartas y revistas compone el atractivo de un ideario pedagógico singular, y el ejercicio de una búsqueda, la intriga de lo incompleto; la ausencia de un volumen entero obliga a hacer un recorrido muy distinto de aquel que nos proponen las grandes teorías.

Número 77 de la calle William, en Nueva York: se reciben pedidos de La Edad de Oro. La publicación con tapa a dos colores -blanco y celeste-, láminas, cuentos, poemas y noticias del mundo es enteramente redactada por Martí. Con una forma pulida y accesible se embarca en el programa estético, literario y, por ende, político dedicado por completo a enriquecer la infancia de los futuros hombres y mujeres de América.
En el primer número, de julio de 1889, se encabezan sus treinta y dos páginas con estas palabras: "Para los niños es este periódico, y para las niñas, por supuesto (…) Todo lo que quieran saber les vamos a decir, y de modo que lo entiendan bien, con palabras claras y con láminas finas. Les vamos a decir cómo está hecho el mundo: les vamos a contar todo lo que han hecho los hombres hasta ahora. Para eso se publica LA EDAD DE ORO: para que los niños americanos sepan cómo se vivía antes, y se vive hoy, en América, y en las demás tierras: y cómo se hacen tantas cosas de cristal y de hierro, y las máquinas de vapor, y los puentes colgantes, y la luz eléctrica; para que cuando el niño vea una piedra de color sepa por qué tiene colores la piedra y qué quiere decir cada color; para que el niño conozca los libros famosos donde se cuentan las batallas y las religiones de los pueblos antiguos. Les hablaremos de todo lo que se hace en los talleres, donde suceden cosas más raras e interesantes que en los cuentos de magia, y son magia de verdad, más linda que la otra: y les diremos lo que se sabe del cielo, y de lo hondo del mar y de la tierra: y les contaremos cuentos de risa y novelas de niños, para cuando hayan estudiado mucho, o jugado mucho, y quieran descansar."
Un relato adaptado de la Ilíada de Homero, una historia del juego de “la gallina ciega” (nuestro gallito ciego) que se remonta a Francia, el poema Dos milagros y la historia Tres héroes donde retrata a San Martín, Bolívar e Hidalgo son algunos de los textos de esta primera edición. La revista tuvo en total cuatro números y luego fue reeditada en formato de libro una buena cantidad de veces. En ese relato sobre los héroes, se funde una visión de la historia de la independencia del continente con una declaración sobre el peligroso futuro del mismo si no se lo defiende de los nuevos imperios, y el destinatario es el público infantil: "El corazón se llena de ternura al pensar en esos gigantescos fundadores. Esos son héroes; los que pelean para hacer a los pueblos libres, o los que padecen en pobreza y desgracia por defender una gran verdad. Los que pelean por la ambición, por hacer esclavos a otros pueblos, por tener más mando, por quitarle a otro pueblo sus tierras, no son héroes, sino criminales."
Instalado, pero inquieto, inconforme. En los EE.UU., donde se forja el progreso de unos pocos y se cocina la miseria de unos cuantos, trabaja Martí, que viene de una patria de color. En aquella tierra, de la que ha admirado a su mayor poeta, es decir, a Walt Withman. En la patria de los que olfatean como ahora el olor del petróleo y se lanzan a la conquista del Oeste. El la cuna del periodismo amarillo. En la nación que ambiciona el Sur nuestro, Martí prepara sus armas de papel, y de las otras. Enfila contra la España oxidada que somete aún a la isla de Cuba y advierte a los latinoamericanos, del águila codiciosa que se cierne desde el Norte sobre nuestras cabezas. Prepara puñales y palabras, armas y hombres, porque no siente vergüenza de la pólvora bien apuntada contra el enemigo y sabe que no habrá patria sin educación. Es de noche, y el cubano entra al local de “La Liga de Instrucción” para obreros de color, donde ejerce su oficio de maestro y orador.
Ha comenzado la última década del siglo XIX, que lo tiene trabajando por la libertad de un pueblo. En sus páginas, se percibe el amor sincero por la formación intelectual de sus compatriotas. El amor está ligado al acto de enseñar. En la revista que él fundó, publica un comentario sobre esa fértil actividad educativa: "‘La Liga’ de New York es una casa de educación y de cariño, aunque quien dice educar, ya dice querer. En “La Liga” se reúnen, después de la fatiga del trabajo, los que saben que sólo hay dicha verdadera en la amistad y en la cultura (…). A leer y escribir aprenden unos en una mesa, y otros, estudiándose y corrigiéndose los ensayos, bracean en lo más hondo del corazón humano, y buscan, para la luz del juicio y el bien del país, lo oculto y verdadero que apenas se entrevé en las páginas de la historia." (Patria, 25 de marzo de 1892)
Y si nos permitimos algo más sobre esa escuela popular, es sólo para formarnos una mejor idea: " 'La Liga' de Nueva York, la casa de cariño y enseñanza donde se junta, al calor de la estufa pagada por los pobres, un grupo tenaz de hombres verdaderos, tuvo reunión hermosa el jueves. Vuelve a sus clases, y se le llenó el salón. Las mujeres fueron: ancianas recién llegadas de Cuba, y patriarcas de los pueblos de Oriente, y mozos en cuya frente altiva chispea la libertad. El trabajo de los talleres se acaba a las seis, y acá en New York se vive muy lejos del lugar de trabajar; pero a las ocho ya estaban en la casa de cariño aquellas almas disciplinadas. “La Liga”,-¿no se sabe por cuántos tiene corazón?- el hogar de ideas que desde hace años pagan, del sacrificio de sus difíciles salarios, unos cuantos obreros cubanos, obreros de color: de esos obreros nuestros, que, aunque parezca burla a algún inútil, tienen abierto en su mesa de trabajar, de ganarse el pan fiero e independiente, la Educación de Spencer o el Bonaparte de Iung o la Vida de Plutarco: y el que no tenga miedo a las escaleras oscuras, que se ponga la camisa al codo, y vaya a verlo. Salón más cortés no hay que el de “La liga”, ni de gente más sincera y elegante." (Patria, 4 de noviembre de 1894)
Como todo maestro, tuvo sus propios maestros. No fueron pedagogos importados, sino hombres de esta América Latina. A uno de ellos, José De la Luz, le rinde un profundo homenaje: "Pudo lucir en las academias sin esfuerzo su ciencia copiosa, y sólo mostró lo que sabía de la verdad, cuando era indispensable defenderla. Pudo escribir en obras -para su patria al menos- inmortales, lo que, ayudando la soberanía de su entendimiento con la piedad de su corazón, aprendió en los libros y en la naturaleza, sobre la música de lo creado y el sentido del mundo, y no escribió en los libros, que recompensan, sino en las almas, que suelen olvidar. Supo cuanto se sabía en su época; pero no para enseñar que lo sabía, sino para trasmitirlo. Sembró hombres." (El Economista Americano, Nueva York, marzo de 1888)
Algunos leerán en esas palabras sólo el peso de una generación de intelectuales formados a la europea. Y es evidente que a Martí lo atraviesan las marcas de su siglo: que fue positivista, sí, pero seguro con más confianza en el hombre que en el progreso vacío. En esas pocas líneas de "El economista..." se dice mucho. Se elige la emancipación de los hombres por sobre la fortuna y el prestigio individual, que no es poco. Se toma posición como educador, como intelectual. Se incita. Se dice mucho más de lo que está escrito.
Estos pedacitos sueltos de texto son una incitación para educadores y maestros. Vibran muchas veces las paredes de la escuela cuando la tarea pedagógica es vinculada a la tarea política, se escinde una de la otra como si fueran mundos paralelos. De esta separación no es única responsable la escuela, pero no es ajena. Repensar a Martí como educador, pensar a los maestros como actores políticos y a los “padres del aula” vernáculos como políticos es una necesidad de la escuela. La presencia de Martí en páginas como estas no son más que la invitación a pensar en un maestro, en un intelectual y en un educador comprometido políticamente como una clave para leer y actuar en el presente de nuestra historia y de nuestra escuela.
(En "Sacapuntas"; nº 1 año I julio de 2008)

sábado, 6 de diciembre de 2008

Discurso de despedida para 7º grado

Ilustración: Alexiev

Tengo una sensación, una certeza: lo de este año fue actuar. Poner en acto, hacer, activar, actualizar. Un año de poca reflexión, siempre apresurada, pero necesaria; leer menos, escribir todo; decir más, escuchar algo. Y estuvo bien. No siempre contemplaremos la llanura mientras el sol prende los pastizales.

Ahora, dejó la última huella de este camino abierto: despedida para mis alumnos de séptimo grado.

Cada vez que un maestro tiene la suerte de despedir a un séptimo grado puede percibir aquel trabajo de siete años que la escuela hizo con él. En una sola persona están a la vista horas y horas de escritura, lectura, cálculo, razonamiento, discusión, frustraciones y alegrías.
Cuando pienso en esos siete años, se me viene a la mente la imagen de un viaje. La comparación entre la primaria y una aventura a través del océano me resulta inevitable. Pensemos: tripulantes en un barco surcando mares, enfrentando tempestades, disfrutando del sol o de los buenos vientos, atracando en distintos muelles, y en cada uno de ellos aprendiendo cosas nuevas. La larga travesía termina en una costa desconocida y es imposible emprender la vuelta porque se queman las naves.
Este año esa imagen mía del viaje la compartí con mis alumnos. Les advertí que el barco era aula y ellos los navegantes. Les propuse que escriban su propio viaje a través del Océano Escuela, que cuenten su historia y que compartan la incertidumbre sobre esa costa que van a pisar, es decir, la escuela media.
La verdad es que escribieron textos profundos como un mar verdadero. Y cada historia es bien diferente. Por ejemplo, hubo algunos relatos en los que se confesaron secretos e historias de amor de las cuales no diré una sola palabra porque así me lo pidieron los navegantes enamorados. También hubo relatos minuciosos o muy generales. Para Natalia por ejemplo la primaria fue: “el viaje más raro -dice-, pero que aprendió no sólo de aprender sino también de la vida”. Palabras tan ciertas como las de Enzo nos señalan que: “el gran botín -de la primaria- es la amistad”. Y para Yamila “estar con sus amigos era crecer”.
Camila nos cuenta que para llegar a la costa “solo leyó los mapas y estudió los océanos, y fue divirtiéndose y aprendiendo”. Escucharon bien: estudiar océanos, así de compleja e inmensa es la primaria.
Algunos tripulantes, como Rocio, dijeron que “se quedarían en este océano siempre”. Otros como Lucía esperan encontrar en la secundaria “una experiencia llena de amor y amistad entre seres queridos, seres pasados y amigos”. Quizás a Lourdes le tocó decir con mayor nitidez lo que siente al dejar la escuela un alumno de séptimo grado: (cito textual) “este barco se hará viejo con los años, pero para mí siempre estará presente porque lo que viví en este barco no lo viviré en otro”.
Todos han dejado plasmada en una hoja su vida de escuela, el viaje, el miedo a lo nuevo, la aventura. Me encantaría compartir cada texto como ellos lo compartieron conmigo, pero hay tierra a la vista y si las gaviotas nos vienen a recibir, quiere decir que esto se termina.
Así que, chicos, quiero que guarden estas palabras, que las retengan, que no las pierdan ni las dejen tiradas por ahí. Cuídenlas como el tesoro que se encuentra en una isla perdida.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Registro IV


27 de agosto

Estamos en la biblioteca recién comenzada la mañana. Los alumnos debían escoger de nuestra antología un poema para leer en voz alta. Antes de comenzar con la lectura hacemos algunos ejercicios para relajar las cuerdas vocales y mejorar nuestra postura. Es muy temprano y muchos de nosotros no hemos usado la voz en absoluto. Les explico cómo nuestro aparato fonador emite el sonido de la voz y cómo podemos ayudar a que ésta sea más clara. Después de los ejercicios les leo yo primero. Para abrir la ronda de lectura elegí el poema “Vegetaciones” del Canto general de Pablo Neruda. Luego, les pregunto quiénes quieren leer. No todos levantan la mano, pero se anima la mayoría.
Antes de que ellos le den continuidad a la ronda, subrayo que para lograr una buena lectura la responsabilidad corre por cuenta del que escucha y del que lee. El primero aporta su interés en lo que el otro leerá, también el silencio, y el que lee hace su parte con las palabras compartidas. Los poemas de la antología más elegidos son “Estado de animo”, “En la carpeta”, “Ama tu ritmo”, “Sombras de los días por venir” y “La carencia”. No tenemos inconveniente si repiten la lectura del poema de un compañero, la lectura siempre renueva lo que se dice a través de la forma que toma en la voz de quien lee.
Las primeras lecturas son de un singular atractivo para todos, el grado de atención es tal que no hace falta hacer ningún tipo de señalamiento o advertencia. Se escuchan, se reconocen, se interesan. Construyen un silencio artesanal donde entran cómodas las palabras. La lectura de “Estado de ánimo” que hace Walter con su voz de laguna es tan acertada que todos nos quedamos en silencio un tiempo largo. Le explico que ese silencio nuestro es un elogio porque demuestra nuestras ganas de seguir escuchando.
Lucía, alumna con una gran predisposición para el canto y la actuación, sumada a su desenfado natural, me propone cantar en vez de leer el poema de Darío “Ama tu ritmo”. Como la empresa me parece demasiado compleja para que se lleve a cabo en la improvisación total, le propongo que esta vez nos lo lea y que ensaye una interpretación musical para más adelante. Le explico que el poema es en sí muy difícil (los encabalgamientos y el uso de palabras desconocidas para ellos son la dificultad mayor), y que su sola lectura le va a llevar trabajo. Acepta, pero insiste que nos lo cantará la próxima. Nos parece bien, si lo practica previamente.
Todos los que leen reciben de parte del auditorio de compañeros un silencio inédito y bajo mi recomendación –por ser los primeros ensayos– sólo palabras elogiosas que destacan lo positivo de la lectura porque ya tendremos oportunidad de marcar errores.
El timbre, que resulta tan ajeno a todo lo que hemos logrado en cuarenta minutos, nos arrebata la paciencia, la escucha y la palabra serena como quien deja caer una pequeña vasija al suelo.